martes, 3 de febrero de 2009

Dublineses, de James Joyce

Dublín es una capital que no se suele conocer demasiado, salvo que seas un enamorado de ella o de los viajes. James Joyce hace un retrato de esta ciudad, en la que vivió, a principios del siglo XX, y con la que experimentó una relación intensa de amor-odio. En este libro, a través de un conjunto de relatos, de una calidad interesante, muestra el contexto de Dublín por aquel entonces.
Escribir sobre como escribe Joyce -válgame la redundancia- es completamente innecesario, para alguien que lo ha leído ya, y completamente inútil para alguien que no lo haya hecho, pues primero hay que leerlo. Fue el primer libro de ficción del autor de Retrato del artista adolescente, y merece la pena pasarse un rato con él entre las manos.
Los catorce relatos de Dublineses se basan en historias reales, en la realidad misma. Una pequeña historia es llevada a las palabras por el irlandés, que en ocasiones, hace pequeñas birguerías, aunque no todo son elogios, algunos de los cuentos se hacen pesados, sin llegar a pasar de algo normal. Destacan entre todos los cuentos, algunos como Eveline o Araby. Mención especial merece, por supuesto, la última historia: Los muertos. Esta sí que es una maravilla, en unas cuantas páginas. Algunos críticos y lectores lo catalogan como una novela corta. La historia, sobre todo el cierre, es magistral, de veras. Muchos de los personajes que aparecen en estos relatos, vuelven a hacer aparición posteriormente en Ulises, la gran novela de Joyce.
Si te apetece leer algo de este autor, es un buen comienzo este libro. Las historias no se hacen largas, en absoluto, y si ya leíste con anterioridad a Joyce, no hace falta que te diga como escribe y si merece la pena o no pasar un rato con él.

2 comentarios:

Loren dijo...

Cuando me devuelvas mis pelis ;-), te dejo la preciosa Dublineses. Los muertos de John Huston. Una preciosa película que dirigió con una bomba de oxigeno y que no vió montada.

Un abrazo.

TXETXU dijo...

Tengo muchas ganas de verla, de verdad. Muchas. Otro abrazo, cinéfilo. ;)