LA FÁBRICA DE SUEÑOS DEL CUENTACUENTOS DE LA RUE

Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca (Jorge Luis Borges)


TEMPORALMENTE CERRADO POR VACACIONES. VUELVO PRONTO. :) DISFRUTAD.

sábado 19 de julio de 2008

La chica de la sala verde

En aquel hospital me encontré metido por completo en una situación surrealista, increíblemente surrealista. Me encontraba de acompañante en la sala de tratamiento. Una enorme sala en la que un largo corredor con sillas a los lados inunda la visión de todo el que allí entra. En esas sillas, las personas que necesitan el tratamiento se sientan a esperar la dosis de ese pequeño veneno que les mata por momentos para hacerlos resucitar después. Algo realmente extraño. La verdad es que eso ya me sorprendió –yo pensaba que la quimioterapia era una especie de máquina, como las de las resonancias magnéticas o algo así… ¡Qué ignorancia la mía!
Pues allí estaba yo, dentro de ese cúmulo de rarezas. Cuando miré alrededor me detuve al cruzar la vista con una joven chica (no tendría más de 35 años), que estaba recibiendo su tratamiento. La muchacha tenía un cuerpo extremadamente delgado, parcialmente consumido y pese a devorar vorazmente numerosos sándwiches; su aspecto era algo decrépito. Sin embargo, la chica no parecía estar mal, dentro de su situación: una pelea constante contra un vil cangrejo, que le mantenía débil por momentos y le había echo cambiar su peinado fortuitamente por otro, bastante parecido y que no le quedaba mal, a decir verdad.
Así fue mi primera impresión y pensé que sería la última, pero no. A los pocos minutos volví a mirarla: me llamaba la atención que, pese a su decadente aspecto, mantenía la belleza de la que gozaba antes de sufrir el ataque del cangrejo; y su sonrisa era preciosa, por lo que obsequiaba con ella a toda persona que la mirase. Algo en su cuerpo actuaba como si no quisiese dejar escapar la totalidad de ella; y dejar un resquicio del bello aspecto que había tenido tiempo atrás, para volver a adquirirlo cuando venciese su particular batalla. Como si la belleza se aferrara a su cuerpo con uñas y dientes para no caer en el agujero negro que supone el olvido.
Pensé para mis adentros que era la bella encarnación real de la novia cadáver, imaginada años atrás por Tim Burton. Pero no una encarnación de fantasía, sino el aspecto que tendría en la realidad. Esa idea me rondó la cabeza unos minutos, y la chica me pareció aún más curiosa e interesante. Mientras seguía comiendo.
En más de una ocasión me sonrió, porque creo que ella también se dio cuenta de que la miraba desde que había entrado. ¿Habría pensado que la miraba porque me resultaba rara? No lo parecía.
Aquella situación llegó a su fin, y la persona a quien acompañaba terminó su sesión. Nos levantamos y al levantarme volví a mirar hacia su silla. Allí seguía esperando pacientemente. Un “hasta luego” y otra leve sonrisa, para después salir de la sala hasta la próxima sesión. Me gustaría volver a encontrarme con la chica y preguntarle qué tal le está yendo el tratamiento. Quizás la próxima sesión le regale una rosa, para que deje ver su sonrisa…

viernes 18 de julio de 2008

Atrapasueños

- Alomejor ahora mismo ahí arriba hay otras cuatro personas, tiradas en un césped como nosotros, hablando sobre esto mismo -dijo Óscar, el que estaba tumbado más a la izquierda.

- Si, claro. Eso es imposible, no te montes pelis, aunque pensándolo bien... -contestó la chica de la derecha, Ana.

- Hombre, no sé si será verdad o mentira, pero a mi me inquieta bastante -repuso el que menos había hablado hasta el momento, que se llamaba Sergio.

- ¿Tú qué opinas, Silvia? -preguntó Ana.

- No sé, estoy tan agusto y tan tranquila que sólo escucho. Me gustan estos momentos -contestó.

- Ya, pero alguna opinión te habrá surgido... -inquirió Óscar.

- Pues hombre, puede ser posible, pero... ¿entonces ahora mismo me estaría mirando a mi? -preguntó con un tono de voz casi imperceptible.

- ¿Quién sabe? Alomejor trata de ver algo más allá de las estrellas... como tú, pero quizás no alcance a ver nada y no consiga verte -fue la contestación de Ana.

- Yo creo que no existe, pero es exactamente igual, no tendría sentido... ¿dos mundos iguales? -propuso Sergio- No, eso no puede ser. Si el lugar existe será un lugar con las mismas personas que en nuestro mundo, pero las relaciones cambiarían, no serían iguales. Mismas personas, pero distintos amigos, distintos amores... Las personas podrían llevar a cabo allí los sueños que no se atreven a comenzar en este mundo -sentenció.

- Como una especie de fábrica de sueños rotos -se aventuró a decir Silvia- Quizás ese planeta se llame Atrapasueños -concluyó con un tono de felicidad... y de esperanza.

jueves 17 de julio de 2008

El piano, de Jane Campion

Cuando me hablaron por primera vez de esta película no lo hicieron con palabras. Fue con música, con su banda sonora; y quien la tocaba, por aquel entonces no era más que un simple amigo, pero ahora es mi hermano, mucho más allá de eso. Desde aquella tarde esa canción se instaló en un rincón de mi cabeza, y a menudo sale a la superficie, para relajarme. Recuerdo haberla escuchado tocada por él, en multitud de entornos, cada cual más propicio.
Es impresionante como en torno a un piano se puede llevar a cabo una extraordinaria obra como esta. Todos los apartados son geniales: fotografía, reparto, con Sam Neill, Holly Hunter, Harvey Keitel y la pequeña Anna Paquin. La historia comienza cuando Ada (Holly Hunter), muda desde los 6 años, es vendida en matrimonio a Allisdair Stewart (Sam Neill). Así, con su hija y su piano llegan en barco a Nueva Zelanda, donde les espera Stewart. Sin embargo, a su llegada, su futuro marido impide que el piano sea llevado a casa y lo deja abandonado en la playa.
Poco después será recuperado por un vecino amante del sonido de este instrumento, George Baines, interpretado por un soberbio Harvey Keitel; que propondrá un pacto un poco extraño a Ada para que recupere su piano: cada vez que pase una tarde con él, recuperará una parte de su piano y podrá tocarlo en esa tarde. Poco a poco, este extraño pacto pasa a convertirse en un atisbo de amor, que cambiará por completo el hilo argumental de la película.
Sin duda, es una bellísima película, con una perfecta fotografía (destaco las escenas en las que el piano se encuentra aún en la playa) y una magnífica interpretación por parte del reparto, con dos oscars: el de la niña, Anna Paquin, a la mejor actriz de reparto, y el de Holly Hunter, que se llevó el Oscar a la mejor actriz principal, por su gran papel. Resulta increíble como, sin decir ni una sola palabra en las dos horas, consigue impactar y hacer sentir su dolor y su situación al público. Además, la película regala una magnífica banda sonora, interpretada por el pianista Michael Nyman, con una melodía estelar y especialmente preciosa.
Concluyo. Si no habéis tenido la ocasión de ver esta película os aconsejo que lo hagáis cuanto antes, pues es una verdadera joya. Y si conocéis algún pianista que no la haya visto, recomendarsela, seguro que le encanta.

martes 15 de julio de 2008

Tres rosas amarillas

Tres amigos amantes de los cuentos hablaban sentados en un banco de la ciudad. Entre ellos, no tenían mucho en común (distintos trabajos, motivaciones...), sólo una cosa: el amor al genero literario del cuento. Eso y una preocupación compartida; la decadencia del mismo en los últimos años. Cada vez que acudían a alguna librería a buscar algún ejemplar, la respuesta era un no, o simplemente el desconocimiento absoluto.
Esta fue la razón que les impulsó a crear una librería, pero no una librería convencional; la suya se dedicaría en exclusiva a los cuentos. Sí, una librería de cuentos. Para que no se pierdan en el más profundo olvido. Para salvar del paso del tiempo a Cortázar, Poe, Dickens o Borges... entre otros.
Y, ¿qué mejor nombre para una librería de cuentos que el de un propio relato? De esta manera, su particular recodo destinado a la literatura se llamaría Tres rosas amarillas, como el relato de Raymond Carver que recrea la muerte de Antón Chejov, otro flamante escritor de cuentos (y que también es recreado en el escaparate).
Así pues, el lugar elegido fue el céntrico barrio de Malasaña, cerca de la plaza del Dos de Mayo, en Madrid. Pienso, personalmente, que es fundamental mantener estos géneros y las librerías clásicas, en las que el librero sabía aconsejar pequeñas joyas al lector, y no eran las máquinas (con sus grandes bases de datos) las que almacenaban los relatos.

lunes 14 de julio de 2008

Wittgenstein y el poder de las cicatrices

Una mañana me puse a pensar sobre la huella que dejan en nosotros las cicatrices, y la importancia que adquieren en nuestras acciones posteriores. Cualquier acción en la que hayamos sufrido un percance, y haya quedado una marca en nosotros; no se vuelve a repetir de la misma forma que la primera vez, sino que es condicionada por ellas. Da igual que éstas sean cicatrices recientes o cicatrices de tiempos remotos, el resultado es practicamente el mismo.
Aquella mañana, había estado leyendo una historia sobre esto en el libro de Paul Auster, Brooklyn Follies. En ella, el autor explicaba un episodio de la vida de Wittgenstein. Decía que tras un largo periodo y tras observar los horrores de la guerra mundial, el filósofo creyó haber resuelto todos los problemas de la filosofía. De esta manera, Wittgenstein entró de maestro en un pueblo en las montañas de Austria. Sin embargo, el filósofo no tenía cualidades para ejercer la docencia, y no soportaba que los niños no supieran la lección. Entonces, entraba en cólera y maltrataba a los alumnos de forma muy severa. Esto llegó incluso a originar grandes traumas a los niños de la escuela. Al correrse la voz de estos maltratos, Ludwing Wittgenstein tuvo que dejar el colegio.
Con el paso de los años, el pensador vivía en Cambridge y sufrió una crisis espiritual de la que, según él, sólo podría recobrarse si pedía disculpas a todos y cada uno de los antiguos alumnos a los que causó aquellas lesiones. Así pues, se lanzó a la búsqueda de éstos y, puerta por puerta, fue ofreciendo sus disculpas, llegando incluso a suplicarles de rodillas. Sin embargo, y pese a esta actitud, el penoso recuerdo de los niños (ya adultos) era mucho más fuerte que la intención de perdonar al maestro, y ninguno de todos a los que llegó a dirigirse le perdono.
Esta historia es una muestra del poder de las cicatrices en la mente del ser humano. La gran mayoría de ocasiones parece que están ocultas, pero a la hora de la verdad, reflotan indicandonos en ocasiones el peligro, condicionando en otros casos nuestras decisiones.

viernes 11 de julio de 2008

Musas de a pie

Allí seguía él, un enamorado de las sonrisas y los cantos de sirena, en el momento en el que sus miradas decidieron cruzarse por algún tipo de azar. Ella se fijo en que, entre sus manos, sostenía un libro, y él se percató de que se fijaba en ese detalle. Le gustaría leer. "¡Qué chica tan guapa!" -pensó para sus adentros. "¡Y qué preciosa sonrisa!" -añadió el pensamiento en respuesta. En ocasiones, los días de un fracasado artista en una gran urbe se alegraban con pequeñas cosas como este fugaz encuentro. Sólo había que saber distinguirlas.
En un instante concentró toda su atención en mirarla, de arriba a abajo, ya que pensó que podría tardar mil años en volver a verla, o que quizas no la volviese a ver nunca. Ella también cayó en la cuenta de que la estaba mirando, y sonrío picara y alegre. No la importó, porque la mirada era tierna y cálida. Era una mirada agradable, que la hizo sentir atractiva y hermosa.
Tras un cruce de palabras y un par de sonrisas de a pie, la muchacha siguió su rumbo con aires de femme fatale en una noche de verano; y el chico volvió a su libro. Más tarde confesaría que aquella vez miró otra vez, para verla marchar, pero ella no se dió cuenta. A veces las musas caminan entre las multitudes.

miércoles 9 de julio de 2008

El alquimista, de Paulo Coelho

"Cuando una persona desea realmente algo, el Universo entero conspira para que pueda realizar su sueño". Esta frase constituye el tema principal de esta fábula escrita por el brasileño Paulo Coelho: los sueños. A lo largo del libro el autor del mismo cuenta, magistralmente, una serie de verdades, que intentan ayudar a la gente a que se lance a realizar sus sueños, su Leyenda Personal.
Un joven pastor andaluz, Santiago, decide buscar su tesoro tras tener un sueño repetido. Este cuento muestra las peripecias que vive el protagonista en su camino hacia su meta, las historias que le ayudan a continuar, y los personajes que se cruzan en su vida: desde un rey hasta un alquimista.
El libro compone la Leyenda Personal del muchacho conforme avanza su viaje. Pero no sólo esto es lo que contiene El Alquimista, sino que en su viaje Santiago va conociendo multiples y fascinantes historias que le ayudan a cambiar completamente su visión sobre la vida: como la inicial historia de Narciso y el lago, preciosa; la del niño Jesús y el bufón, o la leyenda sobre el rey y sus dos hijos (el guerrero y el poeta), entre otras. Estas historias son la base de lo que, poco a poco, aprende el chico en su camino, y el lector que le acompaña.
Desde mi punto de vista la mejor parte del libro es aquella en la que Santiago conoce al alquimista y este le enseña a escuchar a su corazón, a saber interpretar las señales; y otras muchas artes que le ayudarán en su aventura. Otro de los pasajes más bellos es la múltiple conversación entre el muchacho y los elementos de la tierra, en el campamento.
En definitiva, es un libro muy interesante y espiritual, que te ayudará a salir a conseguir tus metas y tus sueños. Para mi, este es el mejor libro de Paulo Coelho. Si no lo has leído, lo recomiendo y espero tu opinión.

lunes 7 de julio de 2008

Fobias, miedos y temores

Uno de los mayores efectos que puede experimentar el hombre es el miedo. El miedo hace que no reaccionemos. Muchas conversaciones cargo a mis espaldas sobre este sentir, mucha tinta he derramado escribiendo sobre este tema, muchos errores he cometido en mi existencia debido al miedo.
Existen, como seguramente conozcáis, muchos tipos de temores. Desde mi particular punto de vista el peor de ellos es el miedo al fracaso, ya que ese miedo es el único que creo que puede trastocar una vida de pies a cabeza, del 1 al 31 de cada mes... Pero no sólo ese miedo es fatal. Todos, en cierta medida, lo son. El miedo a perder a un ser querido, al futuro (sufrido por gran cantidad de jóvenes); al cambio, sobre el que escribió hace no mucho tiempo mi amiga María en su blog; el temor a amar sin ser correspondido (¡con lo bello que es amar!), a la muerte (es tan fácil morir que tiemblo sólo de pensarlo, dice una canción); o incluso, el miedo al propio miedo.
¿Cómo superar los miedos? ¿Quién esconde bajo llave ese secreto? Creo que el miedo no es superable y siempre existirá, ya que es un mecanismo de adaptación al propio medio en el que se desenvuelve el humano, como una protección inducida. Además sirve para interiorizar la cultura, ya que el miedo también es insertado en los individuos a través del aprendizaje.
Un día, hace muchos años, un genio apellidado Shakespeare le dijo a alguien: "De lo que tengo miedo es de tu miedo". Acertadísima expresión.
Y es que el que teme sufrir, al final acaba sufriendo de temor.