LA FÁBRICA DE SUEÑOS DEL CUENTACUENTOS DE LA RUE



Un hombre que no se alimenta de sus sueños envejece pronto. (William Shakespeare)

sábado 18 de julio de 2009

Definiciones

Los estados de ánimo lo son todo y cualquier cosa.

La felicidad es la visión de la sonrisa de cualquier persona a la que quieres.

La complicidad es saber mantener una conversación sólo con una mirada.

La amistad es un gesto, una palabra, un simple abrazo que se transforma en algo complejo.

La tristeza es la caja de cerillas que robasteis en la última posada en la que dormisteis juntos.

La indiferencia, acordarte de alguien y darte cuenta de que ya no le necesitas.

La pasión está contenida en un beso que surge repentino, después de la facultad, en el autobús o en el andén un minuto antes de coger un tren lejos.

La soledad es un café que se queda frío junto a una balada que suena en el peor momento.

El cariño un abrazo después de ganar con tu pareja una partida de trivial.

El desasosiego está en un trazo en el vaho del espejo de la ducha, que trae recuerdos.

El deseo es querer morderte la piel cada vez que me miras con tus ojos castaños.

El miedo duerme en cada cama de cada familia, en cada sueño, y muchas veces nos controla.

La tranquilidad puede ser leer un poema de Cortázar en el parque.

El amor, un poema en la servilleta manchada con el carmín de esos labios.

La traición es algo doloroso, tal vez involuntario e inevitable.

La falsedad es la máscara con la que cualquiera te vende una amistad.

El peligro es saber que te puedes morir a cada instante y aún así seguir viviendo.

Las emociones son la vida y tan sólo palabras.

miércoles 15 de julio de 2009

Embriaguez de fantasmas de poetas

Al atravesar el mar de nubes del cielo de Portugal me acuerdo de ti: la muchacha de boina roja y el corazón en calma.

Lisboa me recibe con su aspecto decadente, entre ecos de flautas, acordeones y calles abatidas. Aquí, el espíritu de Pessoa reposa tranquilo en A Brasileira, aunque renace de cada esquina del Chiado o del Bairro Alto.

“Barcos que pasan por la noche y ni se saludan ni conocen”, decía el poeta lisboeta. Y esos barcos en la gran ciudad son las personas. Somos, tal vez, por qué no, tú y yo. Son el escritor y el fantasma del poeta que se encuentran para un réquiem a medianoche en las calles de esta ciudad.

Me enamora con sólo unas horas, igual que tú con tan sólo un par de sonrisas. Lisboa me embriaga. La ciudad de la luz, la ideal amante de poetas, una delicia para los ojos del fotógrafo.
Sentado en una balconada imagino que es un tejado abuhardillado de estilo parisino, como el que tengo enfrente, y que estamos mirando a lo alto, tejiendo estrellas con nuestras palabras íntimas. Esta ciudad puede recordar a París, a Madrid, y por momentos a alguna ciudad británica o transalpina e incluso a La Habana, aunque parezca increíble; pero lo que es innegable es que tiene una identidad y un ánimo propio difícil de contradecir.

Se aproxima un tranvía exhalando la bohemia que caracteriza a la ciudad. Una carcajada de chica joven atraviesa una ventana y se filtra hasta mis oídos. En ese preciso instante me doy cuenta de que te he escrito más textos que a nadie, y de que posiblemente éste sea el último que guardemos bajo una misma frontera por un tiempo.

Y te lo escribí en Lisboa, la ciudad de los poetas, que bien podría ser nuestra, pese a que ahora puede que quede más lejos que nunca...

En Lisboa, el 2 de julio de 2009.

Fotografías tomadas por mí. Galería de flickr.

viernes 10 de julio de 2009

Nuestros libros de cada día: Los renglones torcidos de Dios e Intimidad

Hoy vengo con dos grandes recomendaciones de dos grandes personas, María y Loren: Los renglones torcidos de Dios, de Luca de Tena; e Intimidad, de Hanif Kureishi.

Los renglones torcidos de Dios es la gran obra de Torcuato Luca de Tena, fundador del diario ABC, periodista y escritor, que quiso dejar testimonio de la vida en un sanatorio mental. Sorprende, y mucho, que para ello se internara voluntariamente en un hospital psiquiátrico para conocer de primera mano cómo es la vida dentro de una institución de este tipo. Pese a ello, en el prólogo deja bien claro que todo lo que cuenta es pura novela. Basada en hechos reales, sí, pero ficcionados.
La novela es espectacular, con unos giros increíbles en el argumento, que mantienen en vilo la atención sobre la historia, de principio a fin. La narración toma, de inicio, el punto de vista de Alice Gould, una detective que se interna voluntariamente en un psiquiátrico de Zamora con el fin de investigar un crimen para uno de sus clientes.
Para que no destaque entre los enfermos es rebautizada como Alicia de Almenara y la despojan de sus pertenencias. Poco a poco, Alice va descubriendo la vida dentro del centro y las peculiares patologías de cada enfermo, mientras investiga el crimen.
Gran novela de Luca de Tena, que narra perfectamente todo lo que acontece, y los dialogos tan intensos entre Alice y los médicos, hacen que, junto a los giros inesperados de argumento, que nos hacen pensar varias veces en el final antes del propio; la lectura sea muy productiva y enriquecedora.


Por otra parte, la recomendación de mi amigo Lorenzo es de distinta pasta. Una joya, como él me la definió cuando estaba leyéndola y me dejó entrever las primeras páginas. Hoy le doy la razón, como casi siempre.
Intimidad versa exclusivamente sobre el porqué alguien deja de querer a una persona. Jay, un escritor y guionista de cine, se ha decidido. Esta noche abandonará su hogar, con su mujer e hijos, y se marchará para siempre, después de seis años de vida en común. No aguanta más esta vida.
A lo largo de sus casi 150 páginas, Kureishi nos deleita con las reflexiones del protagonista, de una belleza impresionante en algunas ocasiones, sobre todo en aquellas en las que recuerda algún episodio junto a su mujer Susan, mientras la mira dormir, o cuando se refiere a sus hijos.
El escritor de origen paquistaní ilustra a la perfección el sentimiento de un hombre en plena crisis. Recuerdos, proyecciones para el futuro, y reflexiones sobre la traición, inundan la sesera de Jay en la noche antes de marchar. La traición a veces es la única forma de volver a nacer. "Si uno no dejase nunca nada ni a nadie, no tendría espacio para lo nuevo [...] Tal vez cada día debería contener al menos una infidelidad esencial o una traición necesaria".
Una escritura muy buena y unos fragmentos bastante líricos hacen de esta novela de Kureishi, una buena lectura que puede llegar a emocionarnos o, incluso, a identificarnos con algunas partes. Para cerrar esta reseña breve, dejo unas frases que me encantaron del libro: "Si tan sólo pudiese ver el rostro de ella otra vez. Pero ni siquiera tengo una fotografía".

Gracias a los dos por las recomendaciones.

domingo 5 de julio de 2009

A Cidade da Luz

Me he prendado de este lugar, y de este viaje. Ahora estoy tranquilo, sentado en el balcón, con un acordeonista tocando a mis pies. La vie en rose. Es curioso, pero sin haber venido nunca antes siento a esta ciudad como mía, una especie de parte de mí, y yo me siento dentro de ella como si de mi hogar se tratase.
Alguna vez me gustaría que lo fuese, o al menos que fuese uno de ellos. Me entusiasman sus recovecos, sus escondites, sus tranvías amarillos. Y una de sus conductoras, morena de piel de color galao que conduce a gran velocidad mientras tararea a voz alzada fados portugueses, me hace sonreír como hacía tiempo nadie conseguía, y pasar un momento de felicidad plena, de esos que siempre recuerdas con el tiempo.
El acordeonista continúa su serenata nostálgica ahí abajo. Ni siquiera puedo decir que falte la buena compañía. Me voy de aquí con las dos personas que vine, grandísimos amigos ambos, pero creo, casi aseguraría, que el sello de nuestra amistad es mucho más sólido y vinculante.
La gente ocupa las aceras en Lisboa, pero sin llegar a masificarlas. No tiene aires de gran capital, sino de ciudad decadente, e incluso bohemia, con grandes enclaves, como el Café A Brasileira y su estatua de Pessoa, la Confitería Nacional de 1829 y sus deliciosos desayunos, su librería Bertrand y sus casi doscientos años de historia y literatura...


Yo, junto a la estatua de Pessoa, en el Café A Brasileira.

La ciudad de la luz y sus barrios, tan dispares e iguales a la vez; Alfama, Bairro Alto, la Baixa, Chiado… La ciudad acoge a la diversidad igual de bien que nos acogieron a nosotros tres chicas encantadoras, una madrileña y dos vascas -María, Maite y Nuria-, con las que pasamos un maravilloso tiempo que sirvió de cierre y colofón a una gran ciudad, a unos tres días estupendos.


Pablo, Lorenzo y yo con María, en la Praça del Rossio.

Lisboa, la ciudad amante de poetas y prosistas, ardiente acogedora de amores platónicos y pasiones indelebles…

Escrito entre Lisboa y Madrid en tres días.

jueves 25 de junio de 2009

Palabras para un hasta luego

Perdonádme por lo personal de esta entrada.

A Ana García Andreu =)

Se acaba el curso, y este año es el que menos ganas tengo. Yo diría que ninguna. Tú ya te vas, allá donde viniste, pero aunque sólo sea un simple hasta pronto, un paréntesis, me apetecía regalarte un pasaje de despedida. Es posible que estas palabras las leas ya cuando estés en casa, es casi seguro. Pero quería dejar constancia de ellas. Porque el descubrimiento del curso ha sido este grupo F en el que nos encontramos, pero concretamente tú: los demás repetían grupo.
Nunca pensé que encontraría gente con la que pudiese hablar de los temas que conversamos nosotros. Los libros, el cine, las amistades, las relaciones, nuestros secretos e, incluso, la fastidiosa política; abarcan nuestros cafés, nuestras cervezas, nuestra vida. Ahora sé que vosotros, y en este caso tú, a quien va dirigida esta pequeña carta, serás siempre una persona muy importante, porque aprendo con lo que guardáis para enseñar. Y que siempre vais a ser mi gente, por encima del resto, ahora lo sé mejor que nunca.
Estos dos últimos días lo he pasado de maravilla, y creo que en ellos se puede condensar el periodo que transcurre desde Noviembre –más o menos- cuando nos conocimos en la cafetería, que tantos ratos nos acogió este año, hasta hoy, el día en el que marchas a tu tierra, dejando atrás Madrid por unos meses. Nunca te lo he dicho, pero lo primero en lo que me fijé fue en esa pequeña cicatriz que tienes en la cara, a la altura de la nariz. Ahora ya sabes que me gusta. Me siento muy feliz de estar escribiendo esto, Ana, igual que por haber encontrado un grupo de personas que me protejan la retaguardia sin más contraprestación que la misma acción por mí parte.
Hoy tu beso me ha sabido a despedida, pero no a un adiós triste: volveremos a vernos pronto. Me dijiste que, a veces, tu madre leía estas líneas. Si es así, en este texto también, sepa usted, señora, que tiene una hija de la que cualquiera podría estar orgulloso; es más, de la que yo mismo me siento orgulloso por saber que me arropa cuando lo necesito y que siempre tiene una sonrisa guardada para el momento necesario.
Sin más, que tengas buen viaje. Madrid te espera para tantos cafés y momentos que nos quedan por vivir, Anita.

lunes 22 de junio de 2009

"Oh, oh, al agua con él..."

Sin bandera izada, más que la de negro fondo y tibias huesudas. La inmensidad que siempre quise como mi hogar me ampara mientras navego hacia uno de los enclaves seguros, controlados por la piratería. Guardados los cañones, aunque siempre dispuestos a someterlos a todos, la jornada es apacible entre cantos y botellas.
Cuatro años de batalla defendiendo tu puerto de mar, para que la flota militar me lo arrebatase. No, eso no podía quedar así. Ahora vuelve a ser puerto pirata, oh comodoro; y no cambiaría esa bandera por nada en este mundo, así que guárdate esa patente. Nací bucanero, mi padre lo era, y si quiere vencerme tendrá que ser en digna beligerancia, no como socio. Tengo alma de océano.
Las olas provocan un ligero zarandeo en la cubierta de mi barco. El Belem surca las crestas alzando su estatua de proa -donde coronaba la bandera portuguesa antes que la pirata- hacia las nubes grises que amenazan tormenta y se funden con el grito atemperado de aquella mujer. En las aguas lusas aún la andan buscando, a ella y al Belem.
No hay mejor estatua para un navío que su imagen. Caroline… Su reticencia y recelo se convirtieron en pasión por el mar y la vida pirata. También ayudó a eso el problema con su padre, el gobernador. A veces canta y todos escuchan, es como si el oleaje se detuviese, y el reflejo de la luna en las aguas internacionales –nuestras- dejase de invocarnos, para detenerse y deleitarse con su tímido chorro de voz.
Sólo cambiaría la bandera de las tibias y la calavera por un único estandarte: los bucles rizados de su pelo largo. Una especie de Ariadna en proa. El mar nos envuelve. El Belem navega sin compañía. El timonel canta: “Y si el barco está escorado, y si el barco está escorado, y si el barco está escorado... ¡Todos a estribor!” Algunos se contagian. Caroline está sentada al lado de la estatua de la diosa, encima del palo mayor. Mira al mar con aire melancólico. Se asemeja a la efigie. Me separan de ella un cañón y doce metros de eslora. Una nueva canción, oigo su hilillo de voz, que asciende sin que vuelva la vista. Creo que también la luna se ha hermanado a nuestro coro. “…oh, oh, al agua con él. Sólo un par de pasitos lo alejan del fin, oh, oh, al agua con él”.


Belem (1896). Autor: Philip Plisson.
El nombre de este barco inspiró el del relato, y parte de éste.

martes 16 de junio de 2009

Su enamorada la muerte

Habitación 315. Tercera planta. Pasillo izquierda. Subía en el ascensor de la derecha y llevaba un libro en la mano. El libro que él le solicitó. Su labor de enfermera le proporcionaba bastante bienestar personal. Vivía momentos difíciles, por supuesto, pero había aprendido, gracias a estas situaciones, que es en ellas donde reside lo más bello del ser humano.
El pitido del ascensor la desenterró de su lectura de la contraportada: Mí enamorada la muerte, se titulaba. Cuando llegó la puerta estaba entornada, la familia del paciente dentro. A África le encantaba visitar aquella habitación. Su cariño por ese paciente e, indirectamente, por toda la familia había crecido de manera notoria, algo que no había experimentado nunca antes.
Germán jugaba con sus nietos, charlaba con sus hijos, y siempre sonreía. Cada vez que África rebasaba la puerta de su habitación la reconocía a la voz de “la enfermera con el nombre más bonito del centro”. A menudo envidió África la alegría de vivir de aquel viejo.
En la habitación 315 la vida era distinta. Germán aconsejaba y jugaba con los niños, con las ganas del que sabe que su tiempo concluye, aquejado de un grave cáncer de edad. Sin más patología. Su familia, por otra parte, bromeaba con él y lo despedía cada noche con la pesadumbre taciturna, camuflada entre sonrisas, de quienes saben que la vida del anciano finaliza irremediablemente y no quiere que se le note. Pero ambas partes suelen conocer lo que los demás disfrazan, o intentan encubrir.
Aquella noche fue la última que vio sonreír a Germán, más radiante que cualquier otra. Tenía guardia. A las once en punto, cuando estaba acompañado de su familia vino a recogerle su enamorada, puntual a su cita, engalanada como ninguna vez. No le dio tiempo ni a leer siquiera la primera página del libro, aunque cuando África se lo había entregado, el viejo le confesó haberlo leído antes. Sin embargo, antes de irse, su amor sí le dejó que regalase una última sonrisa a aquella habitación, donde se evocaban sus épocas pasadas. De esa sonrisa es de lo que se había prendado la muerte, y por la que había esperado hasta el momento pertinente. Germán se cruzó con África mientras traspasaba el umbral de la puerta de su mano. Aún su cuerpo estaba tumbado plácido, encima de aquella cama cándida.
Sonreía. Sonreían. Tristes.

Rescatado del baúl de textos antiguos, por motivos varios.

lunes 15 de junio de 2009

Corazón tan blanco, de Javier Marías; y Calle de las Tiendas Oscuras, de Patrick Modiano

"Mis manos son de tu color,
pero me avergüenzo de tener un corazón tan blanco"

William Shakespeare

Con su tradicional título fruto de algún renglón de Shakespeare, en este caso el que luce al inicio de la entrada. Y con su tradicional principio fulgurante en el que Marías nos brinda unas primeras cien páginas realmente impresionantes, Corazón tan blanco es una novela bastante reseñable en el panorama actual.
La complejidad de la escritura densa de Marías se compensa a la perfección con la historia y la estructura que el autor dota a su novela. Las páginas del libro vuelven a indagar en temas como el matrimonio, la muerte, el asesinato o la sospecha.
"No he querido saber pero he sabido..." Así comienza la narración de Juan Ranz. A menudo no queremos saber algo, pero irremediablemente lo acabamos conociendo, por accidente o por propia voluntad. A eso hace referencia el título de la novela, a la inocencia de los corazones blancos que acaban coloreándose tras conocer la realidad.
Una novela muy buena, aunque de nada valen estas palabras, un libro siempre habla por sí mismo.

Por otra parte, es indiscutible que las novelas de Patrick Modiano tienen algunos de los mejores títulos. Un amigo mío decía hace poco que simplemente por los títulos y la fotografía de la portada ya merecía la pena tenerlo en su biblioteca (refiriéndose a En el café de la juventud perdida). Secundo su opinión, pues tanto los títulos como las imágenes me parecen bastante acertados.

Hablando ya de Calle de las tiendas oscuras, galardonada con el Premio Goncourt, cabe destacar la escritura tan sutil y elegante que demuestra el autor en cada página. Existen párrafos que hacen que la lectura íntegra de la novela sea recomendable, pese a no tener una historia más allá de algo normal en Modiano: alguien busca encontrarse con su pasado.
La novela empieza con un ritmo más trepidante del que espera el lector, para decaer en la parte final, llegando a ofrecer algunos episodios algo densos desde mi punto de vista. En el apartado general, merece la pena leerla, sobre todo, como ya dije antes, por la elegancia de Modiano en el estilo y la escritura.