domingo, 23 de marzo de 2008

El mar que ando surcando

Mírame. Perdido en un mar de claro tono. En el que no encuentro una isla donde descansar. Sin embargo, extrañamente me encuentro más y más cómodo navegando. Obstáculos vienen, los salto, contigo. Las olas son divertidas, como tus historias. Sigue subida en esa barca y vuélveme a mirar, pues el reflejo de tus ojos es el mar que estoy surcando.

martes, 18 de marzo de 2008

El barquero

El barquero se dispone al ritual. El Aqueronte turbio espera para, en la otra orilla, terminar en el descanso y el reposo de saber que todo lo que se deja atrás ha merecido la pena. Dos óbolos como moneda de cambio por el paso a la otra ribera. Cientos de ramas de oro que, invisibles a los ojos de todos, guían al barquero en su camino y le condicionan a hacerlo con esmero. Ve tranquilo, lo que dejas aquí sólo (y es muchisimo) es amor y un poso indescifrable de un sentimiento de dulzura y sosiego en tu marcha. El último beso será cada uno de los que me disté; y la anecdota que recordaré: cada uno de los momentos que pasamos juntos. Ve tranquilo, sin preocuparte de más y reunete con quien tu alma estime que debe hacerlo. De los demás, no has de preocuparte; yo lo haré y los cuidaré por ti, lo juro.
Hoy no es día de llantos, sino de bonitos recuerdos.

Por ti, abuelo...

martes, 11 de marzo de 2008

Caramelos

Se acabaron. Se comió la última golosina, saboreándola hasta el último resquicio que quedó de ella. Ahora le quedaba un largo día por delante, y no tenía ni una sola más. Le encantaba el contraste de colores que producían estas en su bolsa transparente. Adoraba tener siempre algunas en su bolsillo para cuando tuviera un momento de respiro. Salió a la calle. "Encontraré un dispensador" -pensó-, mientras se encendía un pitillo, y emprendió su camino en busca de la felicidad, y de esas pequeñas golosinas.

viernes, 7 de marzo de 2008

Instrucciones para dar cuerda al reloj

Instrucciones para dar cuerda al reloj

Julio Cortázar

Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.
¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.

jueves, 6 de marzo de 2008

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

Julio Cortázar
(Escúchalo recitado por el propio Cortázar aquí)

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

martes, 4 de marzo de 2008

¿Iguales?

Diferentes. Iguales. Todo son calificativos. Vivimos en el mundo de los calificativos. Piensa, ¿para qué sirven los calificativos? Para separar, según lo que cada uno desee, pero para separar, nada más. Desde los tiempos de guardería, te tratan de enseñar que todos somos iguales, que no existen dichos calificativos, pero ni ellos se lo creen, y discriminan de una manera u otra. En todo tipo de situaciones, nos intentan hacer ver que somos iguales, en algunos casos lo consiguen, en otros no...Por la calle aún suenan, a veces, gritos en contra de determinado tipo de gente, como por ejemplo, la de color.
Entonces, es cuando siento un extraño orgullo de ser, por una infima parte de mi, igual que esos que gritan; pero en la otra gran parte, diferente...

Solo pido a esa parte del mundo que insulta o discrimina que lean...entenderán que no existe el diferente...

lunes, 3 de marzo de 2008

Dulces princesas

El último bocado a la vida. Así lo sintió cuando en la noche gélida le dijo adios y se marchó, mientras él mordía su verde manzana ácida. Esas a las que llaman "dulces princesas". Curiosamente, esa noche ella vestía de verde... Pocas horas después, estaría delante de la pantalla de su ordenador escribiendo algún desatinado texto, que sólo a ojos de unos pocos, sería algo más que un parrafo lleno de palabras sin sentido.

sábado, 1 de marzo de 2008

Saber más

Tras pasar años leyendo artículos y libros, sentía ser más inteligente y cultivado; aunque ciertamente, nunca le parecía suficiente, siempre quería saber más. Seguía pasando horas enteras sentado en su escritorio, con un libro entre las manos, y una taza de café humeante, soportando el frío ambiente de sus tardes solitarias. Para él, aquello era un placer especial. Disfrutaba de aquello con lo que poder mantener una conversación con sus compañeros en aquel club llamado "Els Quatre Gats"...