domingo, 24 de mayo de 2009

Sobre el efecto contagio de una sonrisa

No hay nada mejor para estar bien que ver a alguien sonreír. Es contagioso. Hoy es un día de tormenta, aparentemente grisáceo y nostálgico, pero una sonrisa lo hace alegre, sobre todo si es prolongada y de belleza tal como la que tú me has regalado. Tú, también de ojos oscuros. Estos últimos días tengo una extraña fuerza reivindicativa para con los ojos marrones -y en definitiva oscuros-; por qué nadie se acuerda nunca de los ojos marrones.
Es frecuente que por el motivo que sea necesitemos un cambio de aires, una huida, una especie de expiación de nuestros ahogos y angustias. Cada uno la busca de manera distinta -incluso acorde con su personalidad-: el introvertido la busca en los libros, el que no lo es, amparado en un conjunto de personas, el de mentalidad suicida saltando desde el noveno para comprobar si sigue teniendo alas...
Hoy mencionaste a mis musas, cuando a ciencia cierta sabes que tú podrías engrosar esa enumeración, amiga. Esta tarde te escuché contar historias mientras tomábamos café en mitad de la tenuidad lluviosa que nos envolvía más allá de las ventanas, en el café que podría ser el nuestro, sin más. Y me contaste tu miedo, ese que tú y yo sabemos, y que todos presentimos alguna vez contemplándonos desde el marco negruzco de la puerta. Sonreíste, y me contagiaste tu sonrisa.
Siempre estoy feliz, aunque no esté contenta, has resuelto convincente. Y yo resuelvo ahora que es seguro que volverán los versos, volverán las palabras, lo sé, lo llevas escrito en la mirada. Llueve, hay tormenta, y ahora tenemos la deuda de una tarde de fotografías en blanco y negro, como la noche de hoy. Ahora mismo preciso el cambio de aires del que te hablaba líneas atrás, pero esta vez sí denoto mis alas a mi espalda, que hasta ahora sólo eran suturas. Abro la ventana y el viento me recibe, mientras pienso en todos mis alter ego que se han lanzado al vacío.

6 comentarios:

Pablo Álvarez dijo...

Muy bonito chaval. Las tardes de lluvia son siempre las mejores tardes, en las que mejor respiras.

Por favor no saltes -aun con alas- todavía queda por vivir.

Un abrazo amigo

Jesús V.S. dijo...

Jajaja, Pablo, tranquilo, no tengo ganas de lanzarme, si acaso con alas, para volver a entrar después. :D

MoT dijo...

jajajaj es la segunda vez por hoy que debes explicarte acerca de un posible suicidio... habra que explicarse mejor xD jejej


un texto precioso. me gusta este cambio de temática tan.. inesperado!

n dijo...

¡Qué sorpresa de desayuno!, oye son fascinantes los textos. Cortázar no se irá nunca, aunque los de cronopios y famas me parecieron flojos (los del reportaje de El País, digo). Gracias por mandármelo.

¿Ya se ha publicado Papeles Inesperados?, ni me he enterado.

Nos vemos esta tarde.

Un beso.

:)

Tamara Raposo dijo...

Como siempre muy bueno el texto!!

Bkños

Tamara Raposo

Jesús V.S. dijo...

María: Respondo tarde, pero ya te expliqué la metáfora de la mejor forma que podía hacerlo: delante de ti y de un café. =) Besooo.

Lucía: Es que cuando leo a Cortázar me acuerdo de ti. Algún día te explicaré tranquilamente el porqué. Un beso.

Tamarita: Gracias mil por seguir viniendo, siempre eres bienvenida, amiga. Un beso muy grande.