domingo, 5 de abril de 2009

Cuenca para dos

Recordamos, algunas veces, lo que no hemos vivido. Mejor incluso que aquello que sí. Yo tiendo a recordar siempre aquello que me parece bonito, lo cual es un problema, pues trato de buscar siempre lo bonito de las cosas. En cualquier pequeñez. Algo que a cualquiera le parezca una nimiedad, a mi me puede estar pareciendo maravilloso, sin que nadie lo sepa nunca.
Los recuerdos alimentan la vida de las personas. La mente es libre y, a menudo, gusta de estar vacía, en un estado similar al reposo. Para eso se inventaron las artes, y también la memoria. Siempre añoro las tardes en el parque con los amigos que se fueron dividiendo, y eso hace que saboree los buenos ratos con los que lo son ahora. Ahí un ejemplo de como sustentan la vida de los humanos.
A menudo sabes que estás creando un recuerdo cuando lo que estás viviendo te supera. No puedes controlar la situación, te ves desbordado, y entonces lloras -sin razón o con ella-, ríes a carcajadas, incluso sin saber por qué... Esos momentos nunca se borrarán de tu cerebro, jamás, y tú y yo lo sabemos ya.
Estos dos últimos días he visitado Cuenca. Guardaré buenos recuerdos de ella, seguro. Parece que no haya sufrido paso del tiempo alguno, como si se encontrase similar a años atrás, con su catedral de cuento, su puente de leyenda y sus casas en el vacío existencial. Recuerdos, yo guardo una historia en la torre del reloj, bajo llave, y ahora ya en ruinas.
Una persona no sabe nunca si por dentro está completamente en ruinas, hasta que le sobrevienen imágenes de otro tiempo -cercano o lejano- a la imaginación. Hasta entonces nadie sabe que está en esa terrible condición. Material de derribo. Mientras tanto, camina solo, sin apenas pensar en nada, ni en cómo, ni en cuándo. Solo.
Siempre recordaré Cuenca, y lo que he podido dejar en ella, impregnado en sus calles y en su ambiente, olvidado en los iris de tus ojos, oculto en la Ciudad Encantada. Cuenca, nuestra ciudad perdida, donde entonces nos veremos a la luz cálida de una casa roja, cuando tú no quieras a nadie más que a mí en el mundo, y cuando yo atraviese malos momentos. Cuando sólo nos queramos ver. Tú. Yo. Sin circunstancias. Sin rencor. Sin odio. Sólos tú y yo, en la ciudad perdida y encantada.
Y recordaremos una noche, tiempo atrás, en la que yo me senté debajo de un sauce, y le acompañé en su labor, silencioso, y tú me besaste el llanto, solamente porque aquello nos estaba pareciendo precioso. Aquella noche en la que supimos que el amor estaba en otro nivel, y que habíamos superado esa muralla que nos separaba de él. Y nunca se había escrito ni una sola línea sobre una noche tan bella. Jamás sabremos lo que nos hemos dejado en Cuenca. Nunca. Tan solo sé que allí se me extravió la mejor noche, a la tenue luz de tu mirada, perdida en la arboleda, y preciosa. Se me perdió la mejor noche, como si fuese la última.

7 comentarios:

LaPekeñaSerly dijo...

Como si fuera la última.

...

Sin lugar a dudas no has escrito nada mejor en la vida. Y perdona por tal afirmación, pero esque es verdad, digan lo que digan.

No voy a decir nada más. Espero que no te importe... =)

Martini Limonakis dijo...

La torre del reloj se llama Torremangana :)

El encanto de que no pase nada...

Cuenca es la ciudad perdida, donde nos volvemos instinto y donde... parece que no pasa nada.

Un regalito que me ha dejado Maria de mi ciudad cuna...

Mis felicitaciones :D

**Uxia Romasanta** dijo...

Vaya...romanticismo en en apogeo. Precioso.

Zow dijo...

;) el momento decisivo que diria Bresson

TXETXU dijo...

Serly: No me importa. Gracias por todo el tiempo.

Martini: Me alegro de que te gustase. Sabía que el reloj se llamaba así :) Para mi guarda una historia. Un beso, y gracias, muchas gracias.

Uxi: Thanks!! Besos castizos. :)

Zow: ...que diría Bresson... ;) Un abrazo enorme hermanito.

Bea dijo...

siempre tedigo que es impresionante lo que te escribes,y lo sabes, pero esto no se como definirlo.
he intentado buscar alguna palabra en mi cabeza pero no he encontrado nada.


un beso peque

TXETXU dijo...

Gracias Bea. Ya me dirás la palabra que encuentras al final. Un beso.