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sábado, 7 de marzo de 2009

Para Elisa

Os dejo el inicio de un relato que escribí durante estas navidades, y un enlace con el texto completo. El cuento se llama Para Elisa, espero que os guste.


"Tras un intenso día invernal, se dirigía a casa. Por el camino venía pensando en lo que le había traído de nuevo este último año, como haciendo repaso, pues quedaba menos de una semana para que 2008 terminase. La verdad era que su vida seguía siendo calcada a la que tenía el 24 de diciembre del año anterior. Era el mismo estudiante que entonces, y tenía la misma sensación de no haber aprendido nada y de estar desperdiciando su tiempo día tras día. Otro año más, y ya iban veinte. Tan sólo encontraba refugio en las letras, cuando llegaba a casa pasaba gran cantidad de tiempo libre leyendo, pues sólo salía con los amigos los fines de semana, porque todos vivían lejos de su barrio..."

sábado, 1 de noviembre de 2008

Los poetas muertos. Susana Fortes.

Me permito reproducir -y más en un día como hoy- un texto que encontré esta mañana en el suplemento Babelia, de El País. Dice así:

Los poetas muertos, de Susana Fortes

No sé de dónde me viene esta obsesión por las tumbas. Todo empezó en París hace algunos años, cuando un amigo chileno me llevó de la mano a visitar la tumba de Cortázar, en el cementerio de Montparnasse. No es que el sitio tuviera nada de particular, pero encima de la lápida había una nubecita gris y el aura del lugar hacía que pudieran suceder cosas extrañas o inventadas. Para Cortázar la invención consistía en clavar un dardo en el centro de la realidad y transformar cualquier episodio banal en lo nunca visto. Qué quieren, París, veinte años, el tiempo que pasa despacio cuando se es joven... Hay algo insólito en la quietud de las piedras. Algunas tienen una dimensión blanca como la ventana de una habitación encendida al anochecer. Así me pareció la tumba de Josep Pla en el pequeño cementerio de Llofriu, en el Ampurdán, un rectángulo misterioso de mármol flanqueado por siete cipreses y dos matas de azaleas en medio del silencio de la campiña. Sin embargo la tumba de Antonio Machado produce una sensación imprecisa, igual que los días que se quedan a medias. El sol de Colliure le da a la losa una calidad vibrátil como las voces de los chavales que acuden cada día en peregrinación desde cualquier instituto. En el buzón de cristal que hay a un lado de la lápida se ven cientos de mensajes en trocitos de papel enrollados como papiros. Estuve un rato allí de pie, fumando y pensando que el poeta debía de encontrarse a gusto en aquella colina, junto al mar. También pensé en el tristísimo invierno de 1939. Su recorrido en tren hasta la frontera y luego a pie por los Pirineos, bajo la lluvia, mientras los fascistas entraban en Barcelona. Tal vez sólo los poetas pueden permitirse el final que han merecido sus sueños. "Moriré en París con aguacero/ un día del cual tengo ya el recuerdo/ ...Jueves será" -escribió César Vallejo, peruano, flaco y desalmado con la sintaxis-. Su sepulcro parece un altar de Santería. Hay guantes largos de terciopelo dignos de Gilda, un cigarrillo con la boquilla manchada de carmín, una botellita de perfume caro y un lápiz de ojos con la punta recién afilada. Sé de más de uno que daría la vida por ser recordado con tanto misterio. Pero de todos los cementerios el más inquietante, sin duda, sigue siendo el de Novodievichi, en Moscú, donde está enterrado Antón Chéjov. Lo visité un día de noviembre hace ahora dos años. Mientras dejaba una ramita de abeto sobre la tumba del escritor, el disidente ruso Alexandr Litvinenko, que investigaba la muerte de la periodista Anna Politkóvskaya, moría en Londres envenenado con una sustancia altamente radioactiva. Hubo una época en la URSS en que ser escritor significaba morir joven. En Novodievichi hay una buena representación no sólo de poetas sino también de científicos... Muchos de ellos fallecían de un ataque al corazón según el Pravda y la ley del silencio se encargaba de lo demás. Al otro lado de los abedules nevados que guardan el sueño de Chéjov, se extiende el largo invierno ruso con olor a carbonilla, cubriendo el cielo de aquella ciudad incurable y gótica, de poetas y espías. El pasado y el presente cruzados en la córnea de un ojo de hielo. Lo demás es literatura.

Susana Fortes
(Pontevedra, 1959) es autora, entre otros libros, de la novela Quattrocento (Planeta, 2007).

lunes, 16 de junio de 2008

Carta sin destino especificado

Por fin, abuelo, por fin... De una vez por todas, nuestro querido Rayo está en Segunda División. Creo que fuiste la primera persona a la que recordé cuando se acabó el partido. ¡Qué felicidad! ¡Cuánto tiempo hacía que no vivíamos un ascenso! Yo sé que estabas ahí, lo supe cuando me fundí en el abrazo del final del partido con mi padre y mi hermano. En ese abrazo estabas tú, había una fuerza extraña que sólo podías ser tú (nadie más es del Rayo en la familia). Lo supe, como supe que ascenderíamos este año en el momento que conocí que el Rayo había ganado en el mismo día en el que tú empezaste tu viaje. Dicen que tras los caminos tortuosos vienen grandes metas, y parece que en mitad de tanto contratiempo, nosotros teníamos que llevarnos una alegría. Algunos lo llaman "karma", pero ahora no es el momento de discutir si es así o no.
Lo supe, decía, como una de las cosas que se me revelan de buenas a primeras. Seguramente hayas disfrutado viendo el partido, y hayas sufrido, como todos los que lo hemos hecho. Al fin y al cabo, es lo que nos toca; como siempre decimos, somos como el Atleti.
Al terminar el partido bajamos al cesped. Es la primera vez que lo hago, y lo pasé genial. Por lo demás, ya estarás enterado de todo lo que pasa en nuestra vida. El año no está siendo una maravilla, pero como siempre, nos sobrepondremos luchando. Así es como nos han enseñado a hacerlo, ¿verdad?
No sé si leerás esto, si allá donde estés tendrás tiempo para dedicar a esta carta. Supongo que sí. No espero respuesta, ya recibiré alguna señal de que lo leíste y seguiré escribiendo en otras ocasiones.
Desde aquí abajo, un abrazo y Aupa Rayo abuelo. Tu nieto.

viernes, 2 de mayo de 2008

Carta al infinito

Hola:

Desde aquí abajo hoy tomo la palabra para que la leas desde donde mejor te venga hacerlo. Hoy me acordé bastante de ti, recordé anécdotas y momentos que me hicieron sonreir. El calor está empezando a llegar y los días parecen más agradables así. Hoy es 2 de Mayo y es fiesta, para ti también, que eres "madrileñísimo". Celébralo por allí. Por aquí todos andamos bien, como siempre, seguro que ya lo sabes.
El caso es que hoy me acordé por casualidad de cuando, hace ya bastantes años, cuando yo tenía mi pelillo con raya al medio; tú decías: "te pareces a Morientes". Yo siempre sonreía, como lo he hecho hoy al recordarlo. Desde entonces guardo un especial cariño por el jugador, gracias a que aquel día me dijiste que guardaba cierto parecido con él.
Además también me acordé de ti cuando subí a casa y leí un precioso artículo sobre tu Rayo, nuestro Rayo; ese que nos trae tantas alegrías y tantos disgustos. Ese artículo me hizo recordar la anécdota que tantas veces nos contabas sobre Gijón, aquel partido en el que tuvistéis que salir corriendo. "Y encima perdimos, 3-1 que nos metieron..." -decías siempre al terminar de contarlo.
Y pienso lo mucho que quiero a este equipo, y seguramente gran parte de la culpa la tienes tú. Y me acuerdo mientras de tu afición por él. De aquellos partidos sentado a tu lado, cuando aún jugabamos contra el Barcelona o el Madrid y paseabamos Vallekas por Europa. O cuando tuviste que bajarte una planta porque decías que ya no podías subir tantas escaleras. Nunca te borraste, sólo cuando no quedó más remedio, cuando tuviste que marcharte a vivir a Fuenlabrada y no podías seguir llendo a Vallekas, tu sitio, mi sitio. Y aún así llamabas todos los domingos para preguntarnos "qué tal había ido el partido esta semana". Todavía espero la llamada a veces, pero no hace falta porque sé que de alguna manera allá donde te hospedes lo sabes; algo me lo dice en mis adentros.
Ahora que te habló de fútbol, que tanto te gustaba. El Madrid ya es casí campeón de liga, seguro que lo estás disfrutando como todos los madridistas, ya sabes que a mi dejó de gustarme el Madrid hace algún tiempo, pero aún así me alegro por saber que a ti te alegra y que a mi padre le alegra en el fondo también. El Rayo sigue lider, y este año tenemos buenos presentimientos, creo que el año que viene vamos a estar en Segunda División, por ti, será por ti y por todos los que habéis llevado al equipo en la sangre y lo habéis transmitido a vuestros hijos, que son nuestros padres y nos lo han transmitido a nosotros, vuestros nietos.

Desde aquí abajo, donde siempre estuve cuando viniste. Tu nieto. Sé feliz abuelo. Seguiré escribiendote.

lunes, 24 de marzo de 2008

Extracto del libro "Brida", de Paulo Coelho

Estaba quejándose de que no conseguía hacer determinado trabajo para la escuela porque todo lo que empezaba a hacer terminaba completamente mal.
- Quizás estos fracasos te estén enseñando algo –dijo su padre. Pero ella insistía en que no; que ella había entrado por un camino equivocado, y ahora no había más remedio.
El padre la cogió de la mano y fueron hasta la sala donde la abuela acostumbraba a ver la televisión. Allí había un gran reloj de pie, antiguo, que estaba parado desde hacía muchos años por falta de piezas.
- No existe nada completamente errado en el mundo, hija mía –dijo el padre, mirando el reloj-. Hasta un reloj parado consigue estar acertado dos veces al día.

viernes, 7 de marzo de 2008

Instrucciones para dar cuerda al reloj

Instrucciones para dar cuerda al reloj

Julio Cortázar

Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.
¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.

jueves, 6 de marzo de 2008

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

Julio Cortázar
(Escúchalo recitado por el propio Cortázar aquí)

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.