Mostrando entradas con la etiqueta literatura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta literatura. Mostrar todas las entradas

miércoles, 30 de mayo de 2012

La lectora de clásicos

Está leyendo en ese momento en el que la noche empieza a caer sobre los párpados como una losa insalvable. Ese momento del final del día en el que las manecillas del reloj circulan lentas, como sin engrasar, y el tiempo se cuenta ya no en minutos, si no en páginas o capítulos. 

Desde que era una niña le gusta sentarse a leer novelas antes de dormir. Lee clásicos. Sabe que no sobra el tiempo. Hace años que dejó de leer obras modernas, salvo excepciones: regalos, recomendaciones muy fervorosas, y poco más. Antes de atreverse con autores vivos tendría que rendir un culto, al menos, a los grandes desaparecidos literarios. Sin embargo, frecuenta algunos círculos literarios en los que autores todavía vivos aún fuman y tragan alcoholes, lejos de prohibiciones. 

Su mente está llena de ficciones, o de su poso, aunque a la hora de la verdad, es consciente de que la vida, a pesar de ser el centro de la Literatura, está lejos de ser lírica. 

Lee despacio. Sin prisa, pero sin pausa. Y siempre con un miedo disfrazado de aislamiento noctámbulo. A veces toma cariño a algunos personajes hasta el punto de que, cuando prevé que se acerca su desenlace, desliza las páginas entre sus dedos, finos y largos, con un ritmo más lánguido. Odia, según dice, la manía de los escritores de matar a los personajes. A veces, cuando termina una novela en la que alguien fallece, guarda unos días de luto silencioso por quien corresponda y se queda un día entero sin leer. O incluso más de uno. Nunca me ha dicho si es verdad o no, pero pienso que en esos momentos odia a los escritores. Es más, sus ojos vidriosos, mientras cierra algún libro entre sus manos, me indican que incluso a mí me odia por jugar a ser Dios de esa manera. 

Es difícil, porque tienes que acercarte mucho y no le gusta, pero si miras bien, dentro de sus ojos la oscuridad desvela, muy al fondo, la estela de personajes como Oliver Twist, la señora Dalloway, Aureliano Buendía o los protagonistas de los cuentos indios de Kipling. Quizá sea sólo un reflejo, una suerte de sombras chinescas que representan el espectáculo de los tiempos como si su retina se tratase del mayor de los teatros. 

Sus ojos entonces son la mayor expresión de Literatura. Algo difícil de describir con palabras. Ni siquiera creo en la capacidad de Pablo Neruda para lograrlo. ¿Quizá Shakespeare? No sé.

Su biblioteca, no demasiado amplia, pues no cree en la necesidad de confiscar las palabras albergadas en un libro, está llena de volúmenes con restos de lágrimas sigilosas en las páginas de la muerte de algún personaje. Llora, sí, en ocasiones, aunque después no hace otra cosa que negar la evidencia, aún con los ojos quejumbrosos y los pómulos rojizos. Entonces comienza el duelo. 

Recostada en la cama con la novela en las manos, me recuerda a la imagen de André Kertész en la que una mujer, en el umbral de la vida y la muerte, lee con pasión un libro, abstraída de todo lo que pasa alrededor, incluso del entorno horrible en el que se encuentra. Ella es hoy la representación de esa imagen, en pleno siglo XXI, de la juventud eterna, la encapsulación en el tiempo de esa lectora que, años después, vuelve a ser joven otra vez, en otro cuerpo, en otra vida, pero entre las páginas de la misma novela.

Hospice de Baune, 1929. André Kertész.

Es la lectora de clásicos, que justo ahora suaviza la velocidad con la que pasa las páginas. Creo que en la historia en la que anda sumergida se acerca la muerte por algún lugar, quién sabe si no estará ya demasiado cercana a alguno de los personajes. 

Sería feliz si, con el avance en las teorías literarias, los experimentos de Unamuno pudieran convertirse en realidad. 

“Leer es vivir dos veces”, dijo Gamoneda.

martes, 3 de abril de 2012

Bloomsbury

Una de las casas londinenses de Charles Dickens está en Bloomsbury. Este barrio de pequeñas viviendas oscuras, a lo largo de su historia, ha acogido a escritores de la talla de Woolf o Forster, numerosos artistas, o pensadores como Keynes, que también perteneció al llamado grupo de Bloomsbury. 

El círculo de Bloomsbury, que se reunía en la casa de los Woolf en el primer tercio del siglo XX, aunaba un enorme interés por la Literatura, las Artes o las cuestiones relativas a la sociedad. Se puede decir que tenían una inquietud similar a la que Dickens mostró en sus novelas tiempo atrás. 

Londres aún tiene una estrecha relación con la cultura. En el mismo barrio de Bloomsbury se mantiene abierto desde hace siglos el Museo Británico, muy cerca del 221B de Baker Street en el que se instaló Sherlock Holmes para poder desarrollar sus habilidades de investigación en el museo, entre caso y caso, y muy cerca también del número 48 de Doughty Street que habitó el propio Dickens. 

La ciudad respira arte y literatura. Cualquier esquina puede ser ente artístico, desde la Tate Modern o la National Gallery hasta el Globe o el 84 de Charing Cross, en el que durante un tiempo estuvo abierta la librería Marks & Co. Londres está, además, llena de espíritus, de vivos y muertos, los fantasmas de Van Gogh y Turner, el de Norman Foster o una mezcla de los fantasmas victorianos y los contemporáneos. 

En la abadía de Westminster está el rincón de los poetas. Allí se reúnen involuntariamente, defunción mediante, escritores de distintas épocas que formarían tertulias inverosímiles. Henry James, Rudyard Kipling, Thomas S. Elliot, Lord Byron, el matemático Lewis Carroll o el mismísimo Dickens, entre otros. Basta sólo con cerrar los ojos un momento para imaginarlos a todos a los pies del memorial erigido a Shakespeare. 

Los domingos por la tarde los músicos callejeros tocan hasta el anochecer en la orilla del río. La ciudad sigue su rumbo caudaloso hacia un nuevo lunes. Mientras tanto, las obras arquitectónicas, protagonistas silenciosas tanto de libros como de películas, como el Big Ben, Trafalgar Square o el Millenium Bridge, se beben el cóctel de turistas y londinenses que regresan del partido de fútbol o del teatro, quién sabe si a Bloomsbury.

Galería de fotografías de Londres en Flickr

viernes, 23 de marzo de 2012

Las ventajas de la omnisciencia

Ser narrador omnisciente tiene sorprendentes ventajas. Sobrevuelan con su mirada una pequeña ciudad llena de edificios rojizos en la que algunas ventanas tienen las luces encendidas. Dentro de los hogares, las personas hacen su vida, ajenas a los hilos que las mueven y ya conocen su destino. 

Un matrimonio pasa las últimas horas del día en casa: ella ve la televisión en el dormitorio, él ocupa el salón viendo el partido; una pareja recién casada hace el amor en la encimera de la cocina, una madre acuesta a su hijo en un dormitorio con planetas colgando de la lámpara… Ajenos a la mirada del narrador, recrean una vida, no notan los ojos posados sobre su nuca. En el último piso una joven sale de la ducha, con el pelo mojado, la toalla envuelta sobre el cuerpo tostado que gotea. Tampoco parece darse cuenta, o tal vez sí pero no le preocupa. 

El narrador omnisciente lo sabe todo. Conoce todo sobre los personajes. Puede controlarlos a través de miedos que ni ellos han descubierto todavía. Él sabe cuando va a llover y por eso sale a pasear por su ciudad con un paraguas en la mano y lo abre justo en el momento en el que empiezan a caer las primeras gotas. Incluso sabe que un autobús va a atropellar a su personaje predilecto y por eso corre a cruzar la calle para intentar remediar en el último instante el fatal arrebato de su imaginación. 

La omnisciencia narrativa supone una mirilla en cada casa. Es el embajador de Orwell, el germen de la inseguridad. Cuando la sospecha crece en la ciudad es porque los personajes empiezan a sentir que alguien los mira, los vigila, los tiene atados, en definitiva: determina su destino. 

En una de las casas un hombre se sirve un bourbon, pensando que nadie lo sabe porque su esposa ya está durmiendo. No se da cuenta de que ahora su secreto es compartido. En el portal un chico es infiel a su novia. El narrador se jacta en su escritorio: sabe que algún día podrá chantajearlos y sacar réditos de su información. 

Los narradores omniscientes también sienten compasión a veces. Es difícil que sean justos, al fin y al cabo actúan como deidades. Entre sus protegidos suelen tener a los propios escritores, personajes con los que comparten vivencias, y que generalmente los enternecen. Pero esto también depende de la propia experiencia del narrador. Como la vida misma.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.

Rayuela, capítulo 7. Julio Cortázar.

Le baiser. Man Ray.

lunes, 10 de agosto de 2009

Nuestros libros de cada día: Mr. Vértigo y Maus

Siento la escasez de entradas del verano, pero es que Agosto en ocasiones quita hasta las ganas de escribir. Sólo me deja ganas de agua helada, piscina de vez en cuando, cervecita fresca y alguna buena serie o lectura con las que pasar las interminables horas de sol, hasta poder salir a la calle. Precisamente regreso aquí tras una semana para hablar de dos lecturas fáciles de digerir para este tiempo.

La primera, del incombustible Paul Auster, en la que me parece que seguramente sea una de sus mejores obras -no puedo asegurarlo puesto que sólo conozco la misma y Brooklyn Follies, pero apunta a que así es. Parto de la afirmación de que me considero un entusiasta del autor y de su prosa tan sencilla, o que al menos así parece, y con tan buen resultado.
Mr. Vértigo es fascinante, sin más. Una novela que trata sobre multitud de temas de la vida, y que se puede reducir a dos palabras: "Una vida". Y, por supuesto, todo lo que esa vida contiene: sueños, fracasos, éxitos sin precedentes, amor, duelo, pérdidas, muerte...
Con el sueño de volar, como tema central, un viejo recuerda su vida al lado del maestro Yehudí, un judío húngaro que recluta al niño con la promesa de enseñarle a volar antes de que cumpla trece años. Auster habla como nadie de sueños y de aspiraciones, y además trata el ascenso y fracaso, la vida y la muerte, con una prosa excelente.
Quizás, aunque no sé si lo pretendería, la novela se convierte en una especie de reflejo de la historia de los Estados Unidos -la Depresión, la época de los gangsters de Chicago, el Ku Klux Klan, la Segunda Guerra Mundial, etc-, a través de las peripecias de Walt y sus relaciones con el resto de personajes, Aesop, madre Sioux, la señora Witherspoon y el resto de ellos.
Una lectura, como dije arriba, muy fácil de digerir, con una historia realmente lírica. Vida.

Por otra parte, la obra cumbre de Art Spiegelman, galardonada con el Premio Pullitzer- el único cómic que lo ha conseguido hasta el momento-, en la que el autor cuenta mediante la historia personal de su padre, el horror del nazismo.
Pese a no ser muy fan del cómic, esta lectura me ha entusiasmado de principio a fin, si bien el principio me resultó algo espeso y lento. Merece la pena.
Hasta aquí podría resultar típica -otra obra más sobre el nazismo y el pueblo judío, lo de siempre-, pero la novedad radica en la manera de contar de Spiegelman. En sus viñetas, los alemanes adquieren la apariencia de gatos, mientras que los judíos, perseguidos y masacrados durante la Segunda Guerra Mundial, toman apariencia de ratones. Destacaría también la inclusión de los cerdos, como la nacionalidad polaca. "Como el gato y el ratón", que dicen nuestras abuelas en multitud de ocasiones.
Art Spiegelman aprovecha este juego de apariencias para dar un dramatismo especial a su historia y hacerla diferente al resto. Durante las casi trescientas páginas del libro, probablemente no aprendas nada que no supieses ya, pero seguramente te entusiasme leer cómo los ratones hablan de amor, de supervivencia y de todo lo que se vivió en aquellos años.
Una buena memoria para el padre del autor, ya que su idea era captar su imagen en las páginas, y creo que lo consigue bastante bien. Si tenéis oportunidad, empezad a leerlo.

viernes, 10 de julio de 2009

Nuestros libros de cada día: Los renglones torcidos de Dios e Intimidad

Hoy vengo con dos grandes recomendaciones de dos grandes personas, María y Loren: Los renglones torcidos de Dios, de Luca de Tena; e Intimidad, de Hanif Kureishi.

Los renglones torcidos de Dios es la gran obra de Torcuato Luca de Tena, fundador del diario ABC, periodista y escritor, que quiso dejar testimonio de la vida en un sanatorio mental. Sorprende, y mucho, que para ello se internara voluntariamente en un hospital psiquiátrico para conocer de primera mano cómo es la vida dentro de una institución de este tipo. Pese a ello, en el prólogo deja bien claro que todo lo que cuenta es pura novela. Basada en hechos reales, sí, pero ficcionados.
La novela es espectacular, con unos giros increíbles en el argumento, que mantienen en vilo la atención sobre la historia, de principio a fin. La narración toma, de inicio, el punto de vista de Alice Gould, una detective que se interna voluntariamente en un psiquiátrico de Zamora con el fin de investigar un crimen para uno de sus clientes.
Para que no destaque entre los enfermos es rebautizada como Alicia de Almenara y la despojan de sus pertenencias. Poco a poco, Alice va descubriendo la vida dentro del centro y las peculiares patologías de cada enfermo, mientras investiga el crimen.
Gran novela de Luca de Tena, que narra perfectamente todo lo que acontece, y los dialogos tan intensos entre Alice y los médicos, hacen que, junto a los giros inesperados de argumento, que nos hacen pensar varias veces en el final antes del propio; la lectura sea muy productiva y enriquecedora.


Por otra parte, la recomendación de mi amigo Lorenzo es de distinta pasta. Una joya, como él me la definió cuando estaba leyéndola y me dejó entrever las primeras páginas. Hoy le doy la razón, como casi siempre.
Intimidad versa exclusivamente sobre el porqué alguien deja de querer a una persona. Jay, un escritor y guionista de cine, se ha decidido. Esta noche abandonará su hogar, con su mujer e hijos, y se marchará para siempre, después de seis años de vida en común. No aguanta más esta vida.
A lo largo de sus casi 150 páginas, Kureishi nos deleita con las reflexiones del protagonista, de una belleza impresionante en algunas ocasiones, sobre todo en aquellas en las que recuerda algún episodio junto a su mujer Susan, mientras la mira dormir, o cuando se refiere a sus hijos.
El escritor de origen paquistaní ilustra a la perfección el sentimiento de un hombre en plena crisis. Recuerdos, proyecciones para el futuro, y reflexiones sobre la traición, inundan la sesera de Jay en la noche antes de marchar. La traición a veces es la única forma de volver a nacer. "Si uno no dejase nunca nada ni a nadie, no tendría espacio para lo nuevo [...] Tal vez cada día debería contener al menos una infidelidad esencial o una traición necesaria".
Una escritura muy buena y unos fragmentos bastante líricos hacen de esta novela de Kureishi, una buena lectura que puede llegar a emocionarnos o, incluso, a identificarnos con algunas partes. Para cerrar esta reseña breve, dejo unas frases que me encantaron del libro: "Si tan sólo pudiese ver el rostro de ella otra vez. Pero ni siquiera tengo una fotografía".

Gracias a los dos por las recomendaciones.

lunes, 15 de junio de 2009

Corazón tan blanco, de Javier Marías; y Calle de las Tiendas Oscuras, de Patrick Modiano

"Mis manos son de tu color,
pero me avergüenzo de tener un corazón tan blanco"

William Shakespeare

Con su tradicional título fruto de algún renglón de Shakespeare, en este caso el que luce al inicio de la entrada. Y con su tradicional principio fulgurante en el que Marías nos brinda unas primeras cien páginas realmente impresionantes, Corazón tan blanco es una novela bastante reseñable en el panorama actual.
La complejidad de la escritura densa de Marías se compensa a la perfección con la historia y la estructura que el autor dota a su novela. Las páginas del libro vuelven a indagar en temas como el matrimonio, la muerte, el asesinato o la sospecha.
"No he querido saber pero he sabido..." Así comienza la narración de Juan Ranz. A menudo no queremos saber algo, pero irremediablemente lo acabamos conociendo, por accidente o por propia voluntad. A eso hace referencia el título de la novela, a la inocencia de los corazones blancos que acaban coloreándose tras conocer la realidad.
Una novela muy buena, aunque de nada valen estas palabras, un libro siempre habla por sí mismo.

Por otra parte, es indiscutible que las novelas de Patrick Modiano tienen algunos de los mejores títulos. Un amigo mío decía hace poco que simplemente por los títulos y la fotografía de la portada ya merecía la pena tenerlo en su biblioteca (refiriéndose a En el café de la juventud perdida). Secundo su opinión, pues tanto los títulos como las imágenes me parecen bastante acertados.

Hablando ya de Calle de las tiendas oscuras, galardonada con el Premio Goncourt, cabe destacar la escritura tan sutil y elegante que demuestra el autor en cada página. Existen párrafos que hacen que la lectura íntegra de la novela sea recomendable, pese a no tener una historia más allá de algo normal en Modiano: alguien busca encontrarse con su pasado.
La novela empieza con un ritmo más trepidante del que espera el lector, para decaer en la parte final, llegando a ofrecer algunos episodios algo densos desde mi punto de vista. En el apartado general, merece la pena leerla, sobre todo, como ya dije antes, por la elegancia de Modiano en el estilo y la escritura.

martes, 5 de mayo de 2009

En el café de la juventud perdida, de Patrick Modiano

En algunas ocasiones una vida puede resultar suficiente historia para una novela. Sobre todo en el caso de la literatura francesa. Así lo demuestra Patrick Modiano en su café de la juventud perdida, en el que nos lleva a seguir el rastro de Louki, una muchacha que transitaba por el café Le Condé de París, durante todas sus páginas.
Modiano escribe con una sencillez y una dulzura envidiable, lo que hace que este libro, pese a no albergar una gran historia -ya dije que se trata sólo del rastro de Louki- se convierta en una lectura muy agradable y sencilla. Hay algunos escritores que sólo por su escritura merece la pena leer.
El café Le Condé, que a mi juicio, es el café de su juventud, se presenta como el típico café en el que se reunían los bohemios parisinos, los estudiantes y los poetas y escritores de la época. Un café impregnado de cultura y vanguardismo.
La novela además centra sus páginas en la búsqueda de identidad de la propia Louki, a lo largo de su historia, y indirectamente de todos sus acompañantes, aportando además un fuerte poso sobre la memoria y su actuación en nuestra mente.
Como ya dije, la escritura es muy buena; resalto un episodio del principio en el que el narrador acude a dialogar con un hombre a su casa y al salir se imagina como se sentará en el sillón sin ganas, encenderá la tele por recibir algo de compañía y pensará en su mujer, que ya no está en aquella estancia. Un pasaje realmente bello, como algunos de los que encontraréis en este libro.
Merece la pena pasar un rato con él, aunque como ya dije es muy francés en cuanto a la historia y su desarrollo. Como escuché decir a mi amigo, es un libro que sólo por el título y la fotografía de portada ya merece la pena tener, acompañado además de una buena escritura.

jueves, 30 de abril de 2009

José Agustín Goytisolo (1928-1999)

Uno de los poetas con más sentimiento que he leído nunca. Y esta semana todo me recuerda a sus poemas.

A veces

A veces
alguien te sonríe tímidamente en un supermercado
alguien te da un pañuelo
alguien te pregunta con pasión qué día es hoy en la sala de espera del dentista
alguien mira a tu amante o a tu hombre con envidia
alguien oye tu nombre y se pone a llorar.

A veces
encuentras en las páginas de un libro una vieja foto de la persona que amas y eso te da un tremendo escalofrío
vuelas sobre el Atlántico a más de mil kilómetros por hora y piensas en sus ojos y en su pelo
estás en una celda mal iluminada y te acuerdas de un día luminoso
tocas un pie y te enervas como una quinceañera
regalas un sombrero y empiezas a dar gritos.

A veces
una muchacha canta y estás triste y la quieres
un ingeniero agrónomo te saca de quicio
una sirena te hace pensar en un bombero o en un equilibrista
una muñeca rusa te incita a levantarle las faldas a tu prima
un viejo pantalón te hace desear con furia y con dulzura a tu marido.

A veces
explican por la radio una historia ridícula y recuerdas a un hombre que en vida fue tu amigo
disparan contra ti sin acertar y huyes pensando en tu mujer y en tu hija
ordenan que hagáis esto o aquello y enseguida te enamoras de quien no hace ni caso
hablan del tiempo y sueñas en una chica egipcia
apagan las luces de la sala y ya buscas la mano de tu amigo.

A veces
esperando en un bar a que ella vuelva escribes un poema en una servilleta de papel muy fino
hablan en catalán y quisieras de gozo o lo que sea morder a tu vecina
subes una escalera y piensas que sería bonito que el chico que te gusta te violara antes del cuarto piso
repican las campanas y amas al campanero o al cura o a Dios si es que existiera
miras a quien te mira y quisieras tener el poder necesario para ordenar que en ese mismo instante se detuvieran todos los relojes del mundo.

A veces
sólo a veces gran amor.

Palabras para Julia

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.
Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.
Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.
Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
Un hombre solo una mujer
así tomados de uno en uno
son como polvo no son nada.
Pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otra gente.
Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.
Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.
La vida es bella tu verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor tendrás amigos.
Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.
Hija mía perdóname no sé decirte
nada más pero tú debes comprender
que yo aún estoy en el camino.
Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti, pensando en ti
como ahora pienso.

Hazlo ahora


Muchacha si le amabas
no te vayas así, di que te esperan
que debes regresar pero que estás
alegre por las horas que has vivido
como dentro de un sueño;
declárale que a veces pensarás
en su rostro de lluvia

en sus papeles o un su fantasía:
hazlo ahora, aún es tiempo,
ya que quizás algún día,
cuando estés en otros brazos
te acuerdes de él con repentino amor
y no puedas llorar aunque lo intentes.



Artículo más extenso sobre J. A. Goytisolo publicado en Opinar.net.

miércoles, 29 de abril de 2009

Mala suerte, de Juan Aparicio-Belmonte



Un ex-legionario fan de Sabina, que se autodenomina de la margen izquierda, un abogado que visita el psicoanalista, y una comisaria despampanante. Esos son los personajes de la novela Mala suerte de Juan Aparicio-Belmonte, además de algún secundario muy interesante, como el novelista novio de la comisaria. Los ingredientes: intriga, misterio y, sobre todo, mucho humor, que hacen de estas páginas una lectura realmente interesante.

Mala suerte, ganadora del I Premio de Narrativa de Caja Madrid, transcurre en las calles de Madrid. La trama se activa con el asesinato de un prestigioso actor de teatro, Fabio Cotta, y su amante, en un piso de Madrid. El actor, del que uno de los personajes asegura que es el único español que merecía la pena, aparece muerto a golpes en su cama.
A partir de entonces entra en juego el resto del reparto -hablando en términos teatrales-: el abogado Esteban recibe una extraña visita a altas horas de la noche en su despacho, mientras que la comisaria Sarita Lagos recibirá la llamada que la haga acudir a investigar el asesinato.
El autor escribe la novela en tres personas, una para cada personaje, lo que hace que la lectura de sus páginas se torne muy fluida y amena. El gran manejo de las tres personas, junto con la trama policíaca clásica, con grandes momentos y conversaciones en la consulta del psicoanalista Fernando, convierten a Mala suerte en una novela realmente divertida, y a su autor, en uno de los escritores de nuestras letras que conviene tener en cuenta y no olvidar desde ahora.

martes, 21 de abril de 2009

La otra orilla, de Julio Cortázar

"Cortázar, su obra y su actitud seguirán marcando rumbos, abriendo camino, y los lectores, los de hoy y los de mañana, seguirán acudiendo a sus páginas como quien penetra en un mundo en que la realidad es un descubrimiento, y la fantasía, un hecho cotidiano".
Mario Benedetti



Así habla el poeta en la contraportada sobre la figura de Cortázar. No es la primera vez que comento alguno de sus libros, ¿qué puedo decir sobre su literatura? Poco queda ya por reseñar de su obra. Simplemente es fantástica, genuina.
En La otra orilla el escritor nos muestra sus primeras incursiones en el género del relato, que lejos de ser mediocres, ya desvelan la virtud que ostentaba Cortázar, y que dejaría patente en su gran obra narrativa: Rayuela. Estos relatos escritos entre 1937 y 1945 detallan la increíble imaginación del escritor, con manos que crecen por momentos, limpiadores de estrellas, amores entre vampiros, y todo tipo de cosas.
Merece la pena pasar unos ratos, breves, con este libro entre las manos. Para más ventajas, es de rápida lectura y los relatos no tienen correlación entre ellos, por lo que puedes leerlos espaciados en tu tiempo. Todo son puntos positivos. Ya me contaréis si decidís leerlo. Os gustará si os gustó su obra culmén en relatos cortos: Historias de cronopios y famas.
Cortázar tiene un manejo de la lengua exquisito. Para terminar -igual que empecé- utilizaré unas palabras, esta vez de Gabriel García Márquez: "Los ídolos infunden respeto, admiración, cariño y, por supuesto, grandes envidias. Cortázar inspiraba todos esos sentimientos como muy pocos escritores, pero inspiraba además otro menos frecuente: la devoción".

miércoles, 15 de abril de 2009

El mundo, de Juan José Millás

"Hay libros que forman parte de un plan y libros que, al modo del automóvil que se salta un semáforo, se cruzan violentamente en tu existencia. Éste es de los que se saltan el semáforo".



De esta manera habla Juan José Millás sobre su última novela, que le valió el Premio Planeta del año 2007. Con fuertes trazos autobiográficos, Millás nos sumerge en los recuerdos más profundos de su infancia, de la mano de su imaginativa prosa.
A través de esta novela conoceremos El mundo del escritor, desde que vivía en Valencia hasta prácticamente la actualidad. Son destacables algunos episodios que cuenta entre sus páginas, como el del barrio de los muertos, las historias de su amigo el Vitaminas o las cenizas de sus padres.
Como mago de las ocurrencias y la imaginación, Juan José Millás encadena una serie de hechos e imaginaciones, sin estructura aparente, para dejar un testimonio exquisito de su vida. Su escritura es magnífica, algo densa en algunas ocasiones, pero magnífica en su totalidad. El autor deja entrever lo que es el mundo: un territorio hostil, en ocasiones, al que nos acomodamos como podemos teniendo en cuenta las posibilidades.
En definitiva, una novela provechosa y muy entretenida de un escritor con una imaginación desbordante y totalmente envidiable.

martes, 31 de marzo de 2009

Mañana en la batalla piensa en mí, de Javier Marías; o sobre la muerte y sus infidelidades

"Nadie piensa nunca que pueda ir a encontrarse con una muerta entre los brazos y que ya no verá más su rostro cuyo nombre recuerda".



Terrible y magnífica a su vez la primera frase de esta sublime novela de Marías. Mucho deja entrever en estas palabras de lo que será la obra. Hasta ahora la primera que leo, puerta de muchas otras seguro. Javier Marías consigue atraparte entre sus páginas con una escritura espectacular -que a veces se torna laberíntica y pasmosa- y una estructura del relato perfecta. Mañana en la batalla piensa en mí cuenta la historia de Víctor Francés, un guionista y escritor de discursos para famosos, que una noche se ve involucrado en el incidente más difícil de su vida, la muerte de Marta Téllez, con la que cenaba en casa de ésta, mientras su marido hacía un viaje de negocios a Londres.
Tras el incidente se verá inmerso en un juego inesperado, en el que tomarán partido varias piezas, desde el padre de Marta, Juan Téllez, pasando por su marido, Deán, de infinita compresión, y que le proporciona a la novela un final increíble; Luisa, la hermana pequeña de Marta, "que ahora llegará a ser mayor que ella", a la que persigue por Madrid, e incluso, Victoria, una prostituta que recuerda de una noche anterior, en la que la confundió con otra persona muy conocida para él.
Ambientada en un Madrid tormentoso y oscuro, la novela del magnífico escritor de Corazón tan blanco o Tu rostro mañana, entre tantas otras novelas; y de la sección La zona fantasma, de cada domingo en El País Semanal; es altamente recomendable, y no dejará a nadie indiferente. Javier Marías es un gran narrador, posiblemente uno de los mejores de nuestra literatura.

domingo, 15 de marzo de 2009

El guitarrista, de Luis Landero; o sobre la vida bohemia del artista

"El amor y el arte son incompatibles". Seguramente sea la frase que más se repite en esta novela que, precisamente, versa sobre estos dos temas: arte y amor, amor y arte. ¿De verdad son tan incompatibles entre si? El guitarrista narra la historia de Emilio, un jóven aprendiz de mecánico que estudia por las tardes el bachillerato, y que, además, pasa el tiempo libre aprendiendo a tocar la guitarra de forma autodidacta.
Un día aparece en su vida su primo Raimundo, recién llegado de París, donde dice haber triunfado como guitarrista en un restaurante español: el Barcelona. Este le arrastra a aprender a tocar la guitarra definitivamente para enrolarse junto a él en la vida bohemia de artista.
El guitarrista es una novela con un fuerte poso autobiográfico y que, desde mi punto de vista, puede llegar a considerarse una especie de ensayo sobre la inocencia de las personas y el grado que ésta alcanza. Pero sobre todo, es una historia de amor en el trasfondo, un juego lleno de trampas -de hormiga león, como dice el personaje- que acabará con un golpe maestro del autor.
La inclusión de escasos personajes en el dialogo -alrededor de cinco en toda la novela, de los que destaca el señor Rodo, escritor que vive en la pensión que regenta la madre de Emilio- hacen que la lectura sea mucho más fluida. Y teniendo en cuenta, por supuesto, la muy buena escritura de Landero, el resultado es una maravillosa obra narrativa, sin un argumento excesivamente potente. Mérito total de un escritor, que da una lección de narración en alrededor de trescientas páginas.


miércoles, 4 de marzo de 2009

No mires debajo de la cama, de Juan José Millás; o cuándo los monstruos salen de su guarida

¿Quién no ha tenido miedo alguna vez de mirar debajo de su cama? ¿Acaso no habéis tenido monstruos en el armario o debajo del colchón? Sobre esto versa la novela No mires debajo de la cama de Juan José Millás. Como dice en la contraportada, una simple coincidencia con una persona al azar, por ejemplo, en el metro, puede desencadenar en una obsesión importante.
Elena Rincón, juez de profesión, viaja como todas las mañanas en el metro cuando se cruza en su camino con una mujer que le parece sumamente atractiva. Decide averiguar algo más sobre ella, y se ve inmersa en una novela sumamente extraña y complicada. Es como si dentro de la novela, hubiese otra. Algo así como una intranovela.
La historia que cuenta en mitad de la novela mediante zapatos es una gozada. A menudo pensaba cómo era posible que hubiese sido capaz de dotar de sentimiento a unos objetos tan nimios como esos. Que se odiasen, se pisoteasen, discutiesen, se independizasen, e incluso se echasen de menos unos a otros. Verdaderamente maravilloso.
Si tuviese que calificar a Millás con un calificativo, le nombraría el "genio de las ocurrencias". A pesar de que como novelista pueda ser criticado, o pueda tener bajones, Millás tiene la genialidad de contar una historia a partir de la absoluta nada. En esta novela, también tiene pequeños altibajos, pero los solventa siempre con algún fogonazo de gran categoría literaria.
Es la primera novela del autor que cae a mis manos, pero después de su lectura, ya estoy con ganas de ponerme a leer El orden alfabético, El mundo o su reciente obra de relatos: Los objetos nos llaman.

jueves, 26 de febrero de 2009

Marina, de Carlos Ruiz Zafón

Todos los escritores tienen entre sus novelas alguna favorita. Para Zafón, según dice en el prólogo, ésta es la favorita entre sus creaciones. Como es habitual en este escritor, su novela se ambienta en Barcelona, en esta ocasión en los años 80. El retrato de la ciudad es, como acostumbra, detalladísimo y muy especial.
Como es propio de su estilo, las descripciones se hacen muy extensas y, en numerosas ocasiones, innecesarias totalmente. Pese a ello, Zafón trama una historia de amor, pura, de las de siempre, a raíz de un lío entre antiguas empresas, que vuelve a la superficie de la ciudad más cosmopolita.
La que hace que todo esto salga a la luz de nuevo, involuntariamente, es Marina, que tras conocer la afición de su nuevo amigo, Óscar Drai, por los misterios sin resolver, decide llevarle al cementerio antiguo de Montjuic, para ver una extraña mujer completamente tapada de negro a la que observa desde hace tiempo. La mujer visita una lápida sin nombre, con tan sólo un símbolo tallado en el mármol.
La historia de amor se entreteje entre la casa de Marina y Germán, su padre; y las calles de la ciudad de Gaudí. Por otra parte, el argumento misterioso de la Velo-Granell, se va resolviendo -no sin la pertinente investigación- en los laberintos de calles del Barrio Gótico y el Raval. Zafón, fiel a su estilo, crea una historia de amor que se entrelaza con la historia de misterios, magia e investigaciones.
En el epílogo, el autor deja entrever que esta historia está fundamentada en una historia real. Con un final que, desde mi punto de vista, es el más emotivo de todos sus libros, consigue crear el sentimiento que le faltaba al resto de la novela. Una novela para entretener, lejos de obras maestras y grandes títulos que recordar, pese a no ser mala.

jueves, 12 de febrero de 2009

Puro Cortázar: 25 aniversario de su muerte

No cabe duda de que, hoy, el sepulcro más visitado de Montparnasse será el suyo. Su lápida se llenará, como es costumbre, aunque esta vez seguro que más, de pequeños trozos de papel con dibujos de rayuelas, que acompañarán al cronopio que yace junto a él. Ya se habrá dado cuenta, supongo, de que hablo de Julio Cortázar.
Hace hoy 25 años, un 12 de febrero como éste, fallecía el que posiblemente sea uno de los máximos exponentes de la literatura latinoamericana. Lo hacía en su casa, en su ciudad predilecta, París, en la que vivió durante los últimos años de su vida, y en la que ambientó algunas de sus obras, como su gran novela, Rayuela.
El escritor argentino –nació en la embajada argentina de Bélgica- comenzó a publicar poemarios bajo seudónimo. Su nombre por aquel entonces era el de Julio Denis. Al poco tiempo, otro grande de la literatura latina, Jorge Luis Borges, comenzó a publicarle alguno de sus relatos en su revista: Anales.
Tenía un humor extraordinario, propio del surrealismo en el que se vio inmerso, y su vida se basaba en la lectura, que alternaba con la escritura y su labor docente en Buenos Aires. “Mis experiencias fueron siempre literarias. Vivía lo que leía, no vivía la vida. Leí millares de libros encerrado en la pensión: estudié, traduje. Descubrí a los demás sólo muy tarde”, manifestaba en una entrevista en 1975.
Su nombre vuelve a estar, actualmente, en boca del mundo literario, gracias al descubrimiento por parte de su primera esposa, Aurora Bernárdez, de una cómoda en su casa, a finales de 2006. En ella guardaba textos inéditos, junto a multitud de cartas y misceláneas, que verán la luz en Mayo en una recopilación que servirá como homenaje al aniversario de su muerte. Papeles inesperados.
El autor de Bestiario siempre se codeó con los grandes personajes del mundo de la literatura. Pablo Neruda, Octavio Paz, Alejandra Pizarnik, de quien se dijo que inspiró la Maga, el personaje femenino principal de Rayuela –aunque parece ser que no fue así, sino que la musa fue Edith Aron-, o el propio Borges; fueron algunos de los muchos que cautivó gracias a su estilo enrevesado e irónico en ocasiones, y con una dulzura y lirismo excepcionales en otras.
Cortázar murió dos años después de que su segunda y última esposa, Carol Dunlop, falleciese. Murió de leucemia, aunque ya una profunda depresión le había invadido el cuerpo. Es costumbre dejar una copa de vino, junto a los dibujos de las rayuelas, en la tumba donde descansa junto a Carol Dunlop. Seguro que, hoy, cuando nadie mire, se levantan y brindan al unísono por él. Todo un genio.

Publicado en Opinar.net


Dibujo de Julio Cortázar, hecho el día 6 de febrero de 2009

miércoles, 11 de febrero de 2009

Historias de cronopios y famas, de Julio Cortázar

Casi coincidiendo con el 25 aniversario de su muerte -del que hablaré con seguridad, hoy o mañana- he leído las Historias de cronopios y famas de Julio Cortázar. Se trata de un conjunto de relatos y textos breves, sin ninguna temática conjunta, salvo los propios cronopios y las famas, al final del texto. La palabra sería miscelánea.
Como siempre, Cortázar dota a sus relatos de un humor exquisito, derivado del surrealismo que vivió en sus años en la ciudad de París. Poetizando lo banal y lo más ínfimo, se le podría considerar como uno de esos escritores que engrandecen lo pequeño.
Escaleras, espejos, bicicletas, un patíbulo, y multitud de elementos más, se convierten en protagonistas completos de sus páginas. Destacables una importante parte de sus cuentos, me quedo, ahora mismo, de memoria, con Conducta en los velorios, Instrucciones para subir una escalera, el Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj o Simulacros, entre otros. Alguna vez en mi vida me encantaría llegar a adquirir la habilidad narrativa y descriptiva del señor Cortázar.
Sé que la tarea será muy difícil, por eso, mientras escribo y escribo, sigo inmerso en su lectura. Por eso de que dicen que de todo se aprende, y que todo se pega, menos la hermosura. Escribiré, pues. Y tú deberías hacer lo mismo.

jueves, 5 de febrero de 2009

Cosmética del enemigo, de Amélie Nothomb

En estos días, en los que tengo tiempo, lo aprovecho con la lectura. Es cierto que para leer esta breve obra no se precisan más de un par de horas, aproximadamente, aunque no por eso tiene menos calidad, o es peor libro que cualquiera que te estés imaginando. Nunca había oído hablar de Amélie Nothomb, hasta que mi amigo Lorenzo me habló de ella en una aburrida clase de literatura -qué lástima, con lo bonita que es la materia, y lo aburrida que la hace nuestro profesor.
Bueno, a lo que iba, cuando me habló de ella, tenía este libro entre las manos. Ya te lo dejaré cuando lo lea, me dijo, y el martes, un par de meses después, asi fue. Cuando iba a comenzar a leerlo, en la biblioteca, descubrí que la autora japonesa de nacimiento -de nacionalidad belga- era reciente portada de una revista literaria. Me animé a leerla.
Cosmética del enemigo transcurre íntegramente como un dialogo en un aeropuerto. Tras un retraso en el vuelo que debe transportar a Jerome Angust a Barcelona, este es abordado, de forma un tanto brusca, por Textor Texel que, tras la insistente negativa del primero, consigue entrar en la dinámica de la conversación. Esta acabará perfilandose, a un ritmo trepidante e inusual, hacia un dialogo sobre el asesinato y la violación, entre otras muchas cosas.
Dice la crítica, según reza la contraportada de este libro, que con esta obra, la escritora Amélie Nothomb se consiguió superar a si misma. En este aspecto no estoy en condición de opinar, pues no he leído nada más, aunque creo que pronto podré hacerlo.


Castillos de cartón, de Almudena Grandes

Primer contacto que mantengo con Almudena Grandes. Me han dicho que este libro es de los mejores que tiene. Lo cierto es que a mi me ha encantado. Merece la pena, ya que es una lectura rápida, y la historia que cuenta es muy amena.
María José Sánchez, tasadora de arte, recibe una llamada de Jaime González, en la que es advertida del suicidio de su amigo común: el prestigioso pintor Marcos Molina Schulz. A partir de entonces, emprenderá un viaje a sus recuerdos de estudiante, cuando conoció a sus amigos, y a un trepidante triángulo que vivieron en aquella época.
Pese a tener una escritura algo tosca en ocasiones, la novela se hace corta, y pronto te sumerges en la historia por completo, debido a la primera persona, en boca de María José, con la que está contada. Un laberinto de recuerdos que nos llegan como si hubiesemos formado parte de ellos.
La historia, más allá de lo que es, estrictamente, el triángulo, tiene unos matices dramáticos, en algunos momentos, que me parecen dignos de mencionar. En ocasiones, la tristeza de la propia María José invaden las páginas, como si fuera la nuestra propia. Igual pasa con la alegría y demás vivencias.
Recomiendo su lectura. Me ha encantado la historia de estos tres artistas, o aprendices de ello, con trágico final, aunque desvelado al principio. Si decides leerla, espero tu opinión.