viernes, 29 de agosto de 2008

Autoretrato de mi oculto yo

Ante un cristal que devuelve reflejo y que no existe a la vez. Enmarcado en un autoretrato cubista que perfectamente podría haber sido dibujado por algún pintor fracasado de hace unos 60 años, más o menos. Sorprendido en lo profundo de mis pensamientos, cuando me descubro a mi mismo con la mirada perdida, pensando en vano, sin nada que pensar. Buscando en mi cuarto incesantemente una puerta en un armario. Una abertura oculta entre mis ropas que me transporte a algún mundo mejor, en el que existan faunos, sátiros -que interesantes seres- o Megaras convertidas en princesas de una noche, o dos...
Me sorprendo, decía, pensando con la mente de un niño y actuando, a veces, con las ideas de un bombero -no le busquéis respuestas, ya he dicho que era sorprendente. Siempre con un bolígrafo en la mano, y si no en el bolsillo, para que me ayude a describir momentos, encuadrados bajo el marco natural que me ofrece mi ventana, sea cual sea en la que apoyo mis brazos en ese momento. Eso no tiene importancia ahora.
Encarando la relación que mantengo con aquella mujer -a veces arpía- a la que llaman vida. Y haciéndolo con energía y altibajos; con filosofía, según dicen algunos -aunque nunca entendí qué significa exactamente eso-, y tratando de basar mis visiones en los pequeños matices que los días toman, y no en lo rutinario de estos, que es lo más visible. Optimista, soñador, rastreo cuentos que guardar bajo la manga. Así aguardo la llegada de algo, de alguien, de qué...

miércoles, 27 de agosto de 2008

Mensajes en la madrugada

Había dormido toda la noche con una amplia sonrisa: soñaba con ella, aunque no le ponía cara. La conocía perfectamente, pero a la vez desconocía por completo su identidad. Algo así como una princesa de los sueños, misteriosa. Vueltas en su colchón, en su fantasía se convertían en vueltas junto a su cuerpo. Besó cada rescoldo de piel que descubría su vestido de anchas rayas rojas y negras. Nunca mejor dicho, ella era la mujer de sus sueños; la desconocida dama onírica que tras la sugerente conversación le había amado como nadie antes lo hizo.
Algo le despertó en la oscuridad de la madrugada: su móvil sonaba y cuando leyó su nombre en la pantalla reconoció allí a la desconocida amante del sueño. ¿Cómo no habré caído antes? -murmuró. La llamada se esfumó rápido, ni siquiera dio tiempo a que sonasen los primeros acordes de la canción que avisaba de ella; era una de esas a las que llaman perdidas. Contestó.
Tras un par de minutos sonó el aviso de mensaje recibido. Seguro que era ella, y eso le hizo sonreír aún más intensamente. Lo abrió impaciente y leyó: ¿Quién eres? Mil jarros de agua congelada cayeron sobre su cuerpo, aún ebrio de su perfume. A la mierda con todo -pensó e intentó volver a su quimera...

martes, 26 de agosto de 2008

Trazos negros de tinta china

De todas las artes existentes, no sé con exactitud cuántas dominaba; pero sé con certeza que dominaba, al menos una, el dibujo. Sentada en un banco, bajo la sombra triste de un árbol que pasa calor, y con una carpeta sobre sus piernas; dibujaba lo que parecía desde mi posición un cantante de música negra. El formato era un folio, el estilo: blanco y negro, el material: un bolígrafo que lloraba trazos negros de tinta china.
Trazos perfectos, medidos, ¿cual sería su secreto? ¿Por qué yo no tenía el don de dibujar, que tanto admiraba desde pequeño? Seguía mirando su cantante, que ya tomaba forma de humano, con relieves y arrugas, incluso con emociones. No levantó la vista ni una sola vez, no se percató de cuanta gente la miraba al pasar a su lado; ella continuaba con sus ojos clavados sobre el blanco del folio, que ya estaba empezando a padecer en escala de grises.
Entonces, mientras miraba como dibujaba, me fijé en algo. Su forma de coger el boligrafo era exactamente igual que la mía; lo cogía entre el dedo corazón y el pulgar, recostado, en un abrazo, sobre el anular, y con el índice ejerciendo una débil presión que evitaba que cayese al suelo. Me llamó muchísimo la atención, siempre me habían dicho que coger el lapiz así estaba mal, que tenía que aprender a hacerlo bien. Un escritor no se podía permitir agarrar su pluma de la forma equivocada. Pero nunca entendí por qué, si mi caligrafía no era mala, era bastante legible...
Un par de veces alzó la cabeza, impasible ante mi mirada, y continuó con su creciente obra de arte, la cual quizás no saliese de su carpeta después de que la terminase. Sin más, cuando llegó su hora, volvió a levantar la cabeza, mirandome otra vez, justo antes de mirar a su reloj, que asistía a la situación con celos de que no le hubiese mirado alguna otra vez antes. Al mirarle, éste le reveló algo que la hizo levantarse y recoger todo, para marcharse a su destino, cruzando la carretera.
Tras este episodio, y tras ver como se perfilaba su dibujo, sólo acerté a pensar la facilidad con la que algo puede cobrar interés. Como dijo Flaubert, basta con mirar algo con atención para encontrarlo interesante. A mi me acababa de inspirar un texto la forma de coger el lapiz de aquella artista en proyección...

lunes, 25 de agosto de 2008

Descubriendo Nunca Jamás, de Marc Forster

Cuando terminé de ver esta maravillosa película, no pude casi articular palabra sobre ella. ¡Qué preciosidad de historia! Todo comienza cuando James Barrie (Johnny Depp) triunfa entre la alta sociedad con su última obra de teatro. No obstante, no quiere seguir escribiendo siempre sobre lo mismo y caer en la rutina, para ser un escritor más. Así, decide buscar la inspiración para hacer algo diferente.
Encontrará a ésta una tarde, mientras pasea por el parque con su san bernardo Porthos; y adquirirá forma de una madre con sus cuatro hijos, los Llewellyn Davies. Barrie comienza a entablar amistad con la madre de los niños, Sylvia, interpretada por una soberbia y bellísima Kate Winslet, y con los cuatro pequeños. De esta forma, empezará a crear mundos imaginarios junto a ellos, en los que conseguirá que estos se evadan, e incluso escapar de su propia realidad. Esta situación no será aprobada por la abuela de los niños (Julie Christie), y supondrá un aderezo a la mala relación del dramaturgo con su mujer, caracterizada por la actriz Radha Mitchell, en un papel bastante bueno.
Así, de esta relación de amistad entre la familia Davies y el escritor, surgirá poco a poco su obra maestra: Peter Pan. Mezclando realidad y fantasía a grandes dosis, llegará el revés definitivo, que hará a los personajes aprender a vivir la realidad y a sobreponerse a los problemas.
Lo más destacado de la película, para mi, son los planos en los que la fantasía se mezcla con la realidad de la familia; y la mejor escena, sin duda, incluso diría que una de las mejores que he visto en los últimos tiempos: la escena en la que Sylvia entrará en el particular Nunca Jamás que le muestra Barrie.
Emotiva, tierna y desgarradora; Marc Forster consigue dar un giro más a la historia de Peter Pan, gracias a otra interpretación magistral de Johnny Depp, junto a Kate Winslet y Dustin Hoffman, en el papel de productor de Barrie. Además, sobresaliente actuación del niño que interpreta a Peter, uno de los niños Davies (Freddie Highmore). Una historia maravillosa, que merece la pena ver, al menos una vez.

El cuento de Sirena, de Gonzalo Torrente Ballester

El cuento de Sirena, de Torrente Ballester, resucita una leyenda milenaria ocurrida en las costas de Galicia allá por el año mil. Paseaba tranquilamente por el cabo Finisterre un caballero, de la estirpe de los Mariño; cuando cayó al agua y estuvo apunto de perder la vida a causa del peso de la armadura y la espada. No fue así, gracias a la aparición de una sirena, que le rescató de la muerte, que vino a buscarle en forma de mar. La sirena, al salvarle, quedó profundamente enamorada del caballero y se lo llevó a la mar, para que fuese su amante. El marinero pidió después a Sirena que le dejase marchar con su familia. Sirena accedió, pero con una condición: ella se llevará un hombre de cada generación, y se sabrá desde su nacimiento, pues tendrá los ojos azules.
Así, después del paso del tiempo, los descendientes de la familia Mariño, siguen creyendo, algunos, la leyenda de Sirena. La historia gira en torno a Alfonso, uno de los hombres de la familia, con ojos azules.
La historia es muy buena y el estilo narrativo es muy cautivador, sobre todo en algunos puntos del libro, como el momento en el que el autor describe el canto de la sirena cada vez que acudía al pueblo a por su amante; o la descripción de la casa de Alfonso en Cuenca, perfecta, que hace imaginarse a la perfección el marco en el que se encuentra el autor.
Concluyendo, diré que es un relato breve, 94 páginas, que se lee en un rato (yo me lo leí en tres); y terminaré diciendo que si te gustan las leyendas la leas, seguramente no te defraude.

domingo, 24 de agosto de 2008

La víspera de San Bartolomé

España está repleta de leyendas, sólo hay que querer encontrarlas. La fiesta de San Bartolomé tiene lugar el día 24 de Agosto. Este santo se representa junto a un diablo que va atado a su cadena, mientras él arrastra de su cuerpo, mostrando así su superioridad. San Bartolomé es patrón de muchas villas españolas, en los que se celebra su festividad, entre ellas Sepúlveda, en Segovia.
De este modo, en Sepúlveda existe una parroquía dedicada a este beato, que alberga una imagen del santo junto al diablo, en eterna prisión, atado y sostenido por él. Debo decir antes de contaros lo que os voy a contar que el lugar es precioso y que es uno de los pueblos con más magia de nuestra geografía.


Iglesia de San Bartolomé, que alberga la imagen. Sepúlveda (Segovia)
Autor: Yo (http://www.flickr.com/photos/le_txetxu/)

Cuenta así la leyenda, que la noche de la víspera de la festividad, el 23 de Agosto, el diablo que el santo mantiene atado el resto de los días, se escapa de su cautiverio y corre por las calles de alrededor de la iglesia, atormentando a todo aquel que se cruza en su camino.
Cuestas, caminos, escaleras, incluso la cruz que se levanta al lado del templo; observan cada año al diablo correr, rozando su piel empedrada y con cientos de años en sus grietas. Leyendas, diréis algunos, los más reacios a creer este tipo de historias. Puede ser, yo sólo os puedo decir al respecto que ayer estuve en ese lugar, coincidiendo sin proponérmelo con la noche de la que os hablo. Pese a no poder ver la estatua, os diré que el ambiente que se respiraba albergaba esa magia y ese ambiente de cuando algo especial va a ocurrir cerca.


Calle del diablillo, en los alrededores del templo. Sepúlveda (Segovia)
Autor: Yo (http://www.flickr.com/photos/le_txetxu/)

sábado, 23 de agosto de 2008

Réquiem por un sueño, por Darren Aronofsky

Una de mis películas favoritas, surrealista donde las haya, y a la vez cargada de la más cruda realidad. Réquiem por un sueño nos muestra la facilidad con la que se puede llegar a ser feliz, a la vez que nos detalla la misma facilidad con la que esta felicidad pasa a un segundo plano, llegando incluso a perderse.
La película entremezcla dos historias: la de Sara Goldfar, interpretada por Ellen Burstyn; que alentada por la posibilidad de participar en un concurso de televisión se obsesiona con la idea de perder unos kilos; y la de su hijo Harry (Jared Leto), un joven que busca el dinero fácil de las drogas para sobrevivir en su barrio de Brooklyn. Además de Harry, se involucran en esta historia su mejor amigo, Tyrone, interpretado por Marlon Wayans en uno de los pocos papeles serios de su carrera; y su novia Marion, interpretada por una joven Jennifer Connelly, que cuaja un buen papel. Esta es la línea argumental del film, en el que se observa la degradación del grupo de jovenes al empezar a creer que nada puede derribar su triunfante carrera.
Planos diferentes a lo que se ajusta al "cine clásico" y escenas surrealistas que logran meter al espectador en la historia y llegar a empatizar con las sensaciones de los personajes. Todo ello aderezado con una espectacular banda sonora, que encaja a la perfección con cada escena de la cinta; y que hace sentir todavía más las sensaciones de los personajes. Un drama muy duro que muestra lo peor de la ambición del ser humano de una forma impecable. Si tienen oportunidad, pierdan una hora y media de su vida en verla. No les defraudará.

jueves, 21 de agosto de 2008

Niños de tiza, de David Torres

Cuando me hablaron de este libro me entraron ganas de leerlo, pero no lo empecé. Al tiempo, llegó a mis manos y empecé su lectura, atraído por su argumento, las buenas palabras de alguno de mis amigos y los premios que le avalaban. No me decepcionó, en absoluto. El libro es genial, y se debería de tener muy en cuenta a su autor en el futuro, como ya dijo mi compañero y amigo Loren en su cuaderno.
La novela en cuestión narra la vuelta de Roberto al barrio en el que transcurrió su infancia: San Blas. Al llegar, descubrirá que nada sigue igual y todo ha cambiado: sus amistades, las calles, los colegios, los juegos... absolutamente todo es distinto de entonces. Nada más llegar, un turbio asunto regresará a su mente de niño: su amiga Gema, paralítica, que apareció ahogada en la piscina municipal, y a la que todos apodaban: la sirena, por su habilidad en la natación, pese a su problema. Otro de los recuerdos que invadirán su mente es un amor imposible: Lola.
Con esta receta, la novela transcurrirá entre las calles del popular barrio madrileño; en las cuales tendrán lugar los misterios y aventuras, intercaladas con las anécdotas e historias de la infancia. Con un estilo narrativo impecable, unas metáforas geniales y un argumento muy atractivo, David Torres mantiene al lector con los cinco sentidos sobre el papel de principio a fin, en una lectura más que satisfactoria.
Un libro emocionante y a la vez duro, pero que conseguirá arrancarnos emoción en cada parrafo; y cariño en cada historia de la infancia de los personajes, que perfectamente podrían ser contadas por mi padre, ya que la historia se ambienta en los años de la transición. ¿Me preguntan si la recomiendo? La respuesta es positiva, a ojos cerrados.