Dejamos atrás Gijón, con la puerta abierta para cuando queramos volver. Viajamos en tren, entre las montañas verdes de Asturias. Me enamoré de ella, lo reconozco, y espero que me perdones. Me enamoré y lo hice de cada cerro, de sus playas, de su viento marinero… Me quedé prendado del sabor salado del mar sobre su piel, de los barrios que la conforman y los fantasmas que los moran. Ahora volvemos a Madrid y por primera vez no quiero. Quiero volver a sentirla cerca, a acariciar sus fachadas, a mojar mis pies en su melancólico llanto. Porque a veces las ciudades se convierten en las personas. Y esta ciudad será nuestra. Y tú serás Gijón.
28 de julio de 2010.
Escrito en el tren Gijón-Madrid.
Escrito en el tren Gijón-Madrid.